Camino a Farellones, Chile · Octubre 2015

LOF·drone para LOFscapes
(Video: Camila Romero I. / Edición y Fotografía: Verónica Aguirre L. / Texto: Romy Hecht M.)
12.11.2015

“En montañas me crié/ con tres docenas alzadas./ Parece que nunca, nunca,/ aunque me escuche la marcha,/ las perdí, ni cuando es día/ ni cuando es noche estrellada,/ y aunque me vea en las fuentes/ la cabellera nevada,/ las dejé ni me dejaron/ como a hija trascordada./
Y aunque me digan el mote/ de ausente y de renegada,/ me las tuve y me las tengo/ todavía, todavía,/ 
y me sigue su mirada.”
 – Gabriela Mistral, “Montañas Mías” en Poema de Chile (Santiago: Editorial Pomaire, 1967)
 

La Mistral siempre me ha proporcionado un modo pertinente para superar el cliché de visualizar a Chile como esa “loca geografía” a la que Benjamín Subercaseaux y sus secuaces nos tienen acostumbrados. La única locura involucrada en ese acto de aprehensión es la capacidad innegable que los elementos naturales han tenido para provocar la exaltación del ánimo al punto de provocar privación de juicio, como ocurre, por ejemplo, cuando la ascención precordillerana determina una opción de recuperar la identidad perdida.

A diferencia de la Mistral, crecí en una isla plana y ausente, donde conceptos como valle, puntilla, angostura o quebrada habían dejado de ser válidos con la aparición del Estrecho de Magallanes y consecuentemente reemplazados por nociones como estepa, sierra, horizonte y bahía.

En Santiago en cambio, donde he permanecido más de la mitad de mi vida, la Cordillera de Los Andes es un hito geográfico esencial que no sólo se registra a la distancia, sino que también se vivencia al escalar o esquiar en los centros de Farellones, Valle Nevado, La Parva y Colorado. Como buena Fueguina renegada jamás he esquiado y mucho menos escalado, pero obviamente sí disfruto conduciendo largas distancias. Recorrer de ida y vuelta el camino a Farellones, de una extensión de más de 30 km y con un cambio de altitud de más de 1.500 msnm desde Lo Barnechea, es mi opción de superar su condición material y estacional de zona de traspaso entre la ciudad y montaña. En la medida de lo posible me detengo mientras conduzco, pues desde el término de su construcción a fines de la década del ’30 no se ha realizado ninguna inversión que permita el aprovechamiento del camino como corredor no sólo vehicular o de deportistas invernales, sino también de flora, fauna, ciclistas, turistas pasivos y quienes, como yo, tan sólo buscan en montículos ocasionales y terrazas contenidas la posibilidad de experimentar ese paisaje que hemos construido.

Y, parafraseando a la Mistral, si bien en montañas no me crié, es en ellas donde puedo invocar los orígenes de mi vida urbana pues, por ejemplo, más que un espectacular escenario blanquecino para ver a distancia es en su inmersión donde pueden visualizarse las huellas de antiguas quebradas que alguna vez capturaron y condujeron la humedad necesaria para regar un valle semiárido, mucho antes que este fuera ese pseudo oasis verde que hoy nos parece natural.


Musicalización: 
Para escuchar otras composiciones de Francisco Pérez F., ir a: https://soundcloud.com/francisco-perezs-digital-orchestra