Volcán Calbuco: del Objeto Eruptivo al Paisaje Volcánico

Alejandra Vásquez D. para LOFscapes
28 de abril de 2015


Nuestra incapacidad de anticipar los efectos de erupciones volcánicas que seguirán desarrollándose en un territorio que posee el 10% de los macizos activos en el mundo radica en nuestro entendimiento limitado del volcán como un objeto únicamente eruptivo, en vez de su comprensión como un fenómeno territorial complejo y multiescalar, presentado aquí como un paisaje volcánico.

Vitalizador o catastrófico, el volcán es un agente modelador de un paisaje singular cambiante. En este sentido, sus efectos eruptivos son huellas físicas de la energía y dinamismo de la tierra. No obstante, la explosiva erupción del volcán Calbuco en la Región de Los Lagos, ocurrida el pasado miércoles 22 de abril, nos ha tomado por sorpresa y ha literalmente agitado lo que erróneamente hemos asumido como tierra firme e inmutable. Pero, ¿por qué nos sorprende?

De acuerdo al geólogo chileno Oscar González Ferrán, en el mundo existen alrededor de 1,900 volcanes activos, aún cuando sólo se registran 60 erupciones anuales. El 90% de éstas se desarrollan en el llamado Círculo de Fuego del Pacífico, de cuya extensión cerca de 2,500 kilómetros se emplazan en territorio chileno.

Frente a este escenario no queda duda alguna que nuestro país es uno de los territorios más inestables y vulnerables del planeta. Chile posee más de 500 volcanes activos, correspondientes al 10% de los que se encuentran operativos en el mundo y aún así solemos olvidar la presencia de estos macizos, llegando incluso a emplazar nuestras urbanizaciones en las áreas de riesgo que el Servicio Nacional de Geología y Minería lleva años catalogando como tales.

Si bien tuvimos que esperar 54 años para que el Calbuco se reactivara, su registro histórico señala que la frecuencia de actividad se ha desarrollado cada 17 años. Este recordatorio nos recuerda que ha llegado el momento de superar nuestro entendimiento limitado del volcán como un objeto únicamente eruptivo, y asumir su comprensión como un fenómeno territorial complejo y multiescalar. Esto que podríamos denominar como paisaje volcánico emerge así caracterizado por condiciones singulares y dinámicas, que superan una fenomenología eruptiva y cualificada por lavas, piroclastos o emanaciones gaseosas hasta abarcar los elementos naturales que, una vez en contacto con dichos efectos eruptivos determinan los riesgos y transformaciones más importantes en un territorio de bosques, ríos, lagos, nieves y glaciares: lahares, derrumbes, incendios forestales, desbordes de ríos, contaminación de las aguas e intoxicación de los suelos por cenizas volcánicas.

Mientras instituciones como el Observatorio Volcanológico de los Andes Sur se han anticipado al fenómeno, mapeando potenciales áreas de peligro y consecuencias específicas frente a las emanaciones eruptivas, son otras las disciplinas que pueden hacerse cargo de entender las cualidades y elementos del paisaje volcánico, contribuyendo así a moldear el comportamiento eruptivo y contribuir, en consecuencia, a determinar eventuales transformaciones del paisaje frente a una próxima erupción.

El urbanismo, la arquitectura del paisaje, la geología y geografía, por nombrar sólo algunas, poseen el potencial de abordar la dualidad del paisaje volcánico y su capacidad, primero, de sufrir eventos intensos y efímeros y, segundo, de dejar huellas y marcas físicas de los efectos eruptivos. Son precisamente éstas las señales que los volcanes nos entregan para comprender su dinamismo: son las formas de registro natural a las que debemos estar atentos en la búsqueda de una adecuada convivencia con los centros eruptivos y son las claves que nos recuerdan al territorio como materia viva e impredecible que nunca debemos olvidar u ocultar.

De todas las disciplinas convocadas, y al sustentarse en el trabajo de otras disciplinas, es la arquitectura del paisaje la que es capaz de construir una imagen total del fenómeno y que incluye en sus variables la temporalidad, multiescalaridad y la revelación de lo invisible. En este sentido, las nuevas técnicas de representación que otorga dicha disciplina son una oportunidad tangible para que las cualidades naturales y los efectos eruptivos que se encuentran escondidos u olvidados sean revelados tempranamente para producir así una convivencia consciente entre hombre y volcán.

Alejandra Vásquez D. Licenciada en Arquitectura y candidata al grado de Magister en Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Autora de la tesis “Modelación del Paisaje Volcánico Chileno: Parques Nacionales y la Representación de una Identidad Territorial”, guíada por la académica Alejandra Bosch K.

 

Leyenda Imágenes:
(1) Fuerza Área de Chile, Antes y Después de la Erupción del Volcán Calbuco (2015) – © Sitio web oficial FACH
(2) Mapa morfológico del Volcán Calbuco © Alejandra Vásquez D. para LOFscapes.
(3) Mapa geológico del volcán Calbuco © Alejandra, Vásquez D. para LOFscapes.
(4) Cronología eruptiva del Volcán Calbuco © Alejandra Vásquez D. para LOFscapes.

(5) Mapa de peligros volcánicos asociados al Volcán Osorno y Calbuco © Alejandra Vásquez D. para LOFscapes.