Proyecto Campus Lo Contador PUC • Mayo 2015

Camila Medina N. para LOFscapes
01.06.2015


Confrontando las bases del concurso, donde el sitio se presenta como una organización en base a la disposición de volúmenes de valor único y programa específico en coordinación con un vacío que surge entre sus partes, la invitación es a preguntarse si es posible entender al Campus como Campo, donde las partes de un todo subyacen e interactúan mediante las reglas establecidas entre ellas, abandonando la idea del objeto arquitectónico ordenador. 

Si bien esta sería una columna sobre los resultados del concurso Proyecto Campus Lo Contador, donde se discutiría el carácter de la propuesta ganadora para la reorganización de la sede de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dado que en la fecha originalmente estipulada –el 25 de Mayo– no se conoció al proyecto ganador, este espacio se ha convertido en una oportunidad para hablar acerca de las ideas de Campus y Plan desde la pérdida de la importancia del objeto arquitectónico en este contexto y la revaloración de aquello intangible que hace que el sitio sea una “unidad” (1).

No se crea por ello que hablaré de los jardines de Lo Contador, que aunque son indispensables para entender al Campus, no serán el objeto de este escrito.

Para partir, es importante establecer el carácter de las bases del concurso, las que no sólo estipularon necesidades de infraestructura y usos posibles para proponer un plan para el campus, sino que además exigieron la incorporación de programas en edificios específicos, valorándose asimismo ciertas condiciones formales ya existentes, como el vacío central del campus, correspondiente al patio de la Biblioteca. Si bien los antecedentes ofrecidos por las bases en cuanto a cabida y normativa otorgaron un tono de realidad a la propuesta, la baja convocatoria del concurso permite suponer que la falta de flexibilidad y/o múltiples e indirectas sugerencias formales, transformaron al concurso en un encargo de un cliente con muchas ideas concretas respecto al resultado. Frente a lo anterior, sería entonces interesante discutir acerca de la noción de Plan, de desarrollo o maestro, que se espera la propuesta ganadora proporcione para el Campus.  

Los esquemas de cabida de las bases presentan al sitio del campus como uno de organización sencilla, definida por edificios existentes, vacíos y por posibles áreas a “liberar,” ambos últimos como el aire resultante entre objetos erigidos como permanentes. De esta sencillez, surge en esta columna la idea de abordar el significado de un Plan para el Campus a partir de las ideas expresadas por el arquitecto Stan Allen, específicamente en base a la noción de campo, donde las partes de un todo subyacen e interactúan a través de las relaciones establecidas entre ellas, abandonándose la idea del objeto y su figura como temática central de la organización (2). Un ejemplo que Allen propone para entender la condición de campo es la bandada. La bandada en este caso será el Campus. Cada pájaro de la bandada, en su individualidad y carácter de ente único, no es en sí la bandada, ni la determina; son las reglas internas de su comportamiento las que configuran la forma informe del conjunto de aves. O, dicho en palabras de Allen: “El campo es una condición material, no es una metáfora. Las condiciones de campo tienen que ver con la organización, con la materia y fabricación […] al permanecer atentos a las condiciones de detalle que determinan la conexión de una parte con la otra […] se hace posible imaginar  una arquitectura que puede responder fluida y sensiblemente a la diferencia interna, al tiempo que mantiene la estabilidad global” (3). Análogamente entonces, es posible entender al Campus como un campo si se considera su fragmentación no jerárquica desde una perspectiva positiva o mas bien propia, donde aquello que es parte del carácter del sitio responde a las tensiones históricas, climáticas, urbanas, territoriales, programáticas y dinámicas que están presentes y que han prevalecido a los diversos cambios y construcciones agregativamente edificadas en el tiempo.

Así, es fundamental intentar distinguir cuáles son aquellas reglas internas que actualmente enriquecen al Campus como campo. Entendiendo que las respuestas pueden ser múltiples y variadas, propongo detenernos  en un elemento característico y propio de la arquitectura colonial que ha determinado la forma de habitar en Lo Contador y que está basado en la forma en que interior y exterior se relacionan. Me refiero a la idea de umbral, que en sus manifestaciones como espacios de transición, articulan la planta edificada con los jardines y patios acotados, armando un continuo mediado por espacios exteriores techados y sombras extendidas. Sin ir más lejos, los umbrales son  corredores, zaguanes, pérgolas y parrones, son superposiciones vegetales de jardines con la forestación del Cerro San Cristóbal y la sombra abierta del subsuelo.

Confrontando entonces las bases del concurso, donde el sitio se presenta como una organización en base a la disposición de volúmenes de valor único y programa específico en coordinación con un vacío que surge entre sus partes, la invitación es a preguntarse, ¿Cómo sería un campus con mayor densidad de construcciones y dinámicas, cuya unidad esté establecida por organizaciones espaciales no jerárquicas modificadas por condiciones de transición? ¿Cómo se plantea un plan maestro flexible donde la relación entre las partes esté determinada por la continuidad entre jardines, patios, talleres y territorio? ¿Considerará la propuesta ganadora alguno de los temas aquí planteados? Sólo sabemos que al momento de la publicación de esta columna, al menos la última pregunta ya tendrá respuesta.


(1) Esta columna se sustenta en la lectura de las bases del concurso y el documento de preguntas y respuestas aclaratorias. Ver Proyecto Campus lo Contador, Pontificia Universidad Católica de Chile, DESE (2015). 
(2) Allen, “Del Objeto al Campo: Condiciones de Campo en la Arquitectura y el Urbanismo” en Iñaki Ábalos (ed.), Naturaleza y Artificio: El Ideal Pintoresco en la Arquitectura y el Paisajismo Contemporáneos (Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2009).
(2) Allen, p.158.

 Leyenda de Imágenes
(1) Iannis Xenakis, Study for Terretektorh (distribution of musicians), 1965. Diagrama para una orquesta de 88 miembros distribuidos entre su audiencia. En <http://www.bangthebore.org/borum/discussion/1077/iannis-xenakis-thread/p1>
(2) Camila Medina, Maqueta de Campo (2011).
(3) Sergio Larraín. En Sandra Iturriaga y Wren Strabucchi (eds.), Lo Contador: Casas, Jardines y Campus (Santiago: Ediciones ARQ, 2013), p.92 © Sergio Larraín
(4) Sergio Larraín. En Iturriaga y Strabucchi (eds.), p.93 © Sergio Larraín

 
 

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