Del Orden Agrícola y la Aleatoriedad

Camila Medina N. para LOFscapes
14.07.2015


En contraposición a la naturaleza, donde el juego de las formas está sujeta a una accidentalidad desordenada y sin freno, el orden agrícola representa una formación artificial que persigue un objetivo preciso. Sin embargo, la práctica que desarrolló el japonés Fukuoka despojó el formalismo de lo productivo mediante la técnica del “no hacer” abriendo las posibilidades formales a la aleatoriedad. 


“Más allá las copas de los árboles se hacían menos espesas y la huerta descendía en pequeños campos escalonados, sostenidos por muros de piedras; detrás estaba oscurecido por los olivares, y, más allá, asomaban los tejados de la población de Ombrosa” (1).

El extracto anterior de la célebre obra literaria El Barón Rampante, corresponde a una descripción de un paisaje italiano, donde más allá del jardín que rodea al observador y antes del pueblo cercano, las huertas construyen con muros las lomas cultivadas de la Toscana.

En el contexto nacional este imaginario agrícola se presenta en la figura del campo de la zona central, como aquella topografía suave correspondiente al valle cultivado, continuo y horizontal que, rodeado de un imponente macizo cordillerano, es cruzado por líneas de árboles, canales y angostos caminos de polvo; silenciosas trazas ordenadoras de la creciente urbanidad. Este paisaje agrícola representa para el citadino la idea de un descanso rural contrapuesto a la vorágine y contaminación de la ciudad. Debido esto, el campo se ha confundido muchas veces con Naturaleza por estar construido con elementos como el agua y la vegetación.

Sin embargo, en contraposición a la naturaleza, donde el juego de las formas está sujeta a una accidentalidad desordenada y sin freno (2), tradicionalmente, el orden agrícola representa una “formación artificial que persigue un objetivo preciso” (3), es decir, es más bien una composición racional y por lo tanto humana, que ha sido resultado de la necesidad de organizar la producción de alimentos de manera eficiente y a una mayor escala que la del huerto familiar.

En tal sentido, tomando prestados los conceptos del destacado catedrático de Estética y Teoría de las Artes Simón Marchán Fiz, en este contexto, lo “natural” estaría asociado a una “belleza orgánica o adaptación de la forma a las necesidades del medio natural,” y lo agrícola a una “belleza mecánica o de la adecuación perfecta de la forma a un fin, uso o utilidad” (4). Es decir, “mientras en la primera el entendimiento es un peón, un traductor de la inclinación, y el instinto es encumbrado a legislador y dirigente del proceso, en la segunda el entendimiento legisla y marca la dirección” (5).

Así, la forma resultante del trabajo de la tierra es reconocida como una composición propia del ordenamiento agrícola. Este orden fue despojado de su finalidad productiva en los jardines italianos y franceses, donde las líneas de árboles de los caminos fueron traducidas como perfectos allées y donde las plantaciones se transformaron en alfombras bordadas con flores y setos podados para configurar los coloridos y suntuosos parterres. Como respuesta a procesos políticos y en contraposición a los franceses, el pintoresquismo inglés hizo desaparecer las trazas del trabajo de la tierra a través de la imperceptible depuración de las formas naturales, bajo un manto verde y continuo de pasto.

Mientras que en lo descrito  hubo un abandono de lo utilitario de lo agrícola para el goce estético del paisaje controlado, donde la belleza es la forma de la finalidad (6); la práctica que desarrolló el microbiólogo, agricultor y filósofo japonés, Masanobu Fukuoka (1913-2008) despojó el formalismo de lo agrícola, manteniendo su función productiva. El método de Fukuoka consistió en la técnica del “no hacer” lo cual derivó en la creación y repartición de Nendo dango (7), esferas compactas compuestas por una mezcla de agua, semillas, tierra y materia orgánica, las cuales se dejan secar a la sombra con ventilación. Estos bolos son dejados en sitios con la idea de que sean activados por las lluvias, donde el barro seco protege a las semillas de los pájaros. De ellas crecen brotes de distintas especies sin un orden previamente determinado y en el momento preciso en que las condiciones son óptimas para su desarrollo.

De esta manera, Fukuoka propuso el abandono de la idea del control absoluto reconociendo con ello nuestra incapacidad humana para manejar la gran complejidad de las fuerzas naturales como un todo, abriendo así las posibilidades formales a la aleatoriedad.

Si la técnica del famoso agricultor japonés despojó de formalismo a lo agrícola, es pertinente preguntarse entonces ¿cómo lo aleatorio puede transformar la forma del paisaje y el diseño de parques y jardines y con ello el goce de lo estético? No cabe duda de que en la aceptación de ciertos ámbitos de lo fortuito, residirá la sabiduría de lo sustentable.

Notas
(1) Ítalo Calvino, El Baron Rampante (Torino: Guiulio Einaudi Editore S.P.A, 1957), p.23.
(2) Georg W. Friedrich Hegel, Filosofía de la Naturaleza (Argentina: Editorial Claridad S.A., 2006 [1944]) p.14.
(3) Simón Marchán Fiz, La Estética en la Cultura Moderna (Madrid: Alianza Editorial, 2012 [1987]), p.84.
(4) Marchán Fiz, p.50.
(5) Marchán Fiz, p.84.
(6) Marchán Fiz, p.48.
(7) Articultores  <http://articultores.net/free/bombas-de-semillas-por-masanobu-fukuoka/>

Leyenda de Imágenes
(1) Mujeres campesinas sacando pan amasado de un horno de barro © Memoria Chilena <http://www.memoriachilena.cl>
(2) Seeds for My City - Easy to Make Seed Bombs © HellaDelicious <http://www.instructables.com/id/Seeds-for-My-City-Easy-to-Make-Seed-Bombs/>
(3) Butterfly Seed Bomb © notonthehighstreet <http://cdn1.notonthehighstreet.com/system/product_images/001/563/143/original_butterfly-seedbomb.jpf>
(4) Patricio de la O, Pirque, Cosecha Mecánica (1987) © Dibam

 
 

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