El Paisaje no se Encuentra, se Confecciona

Romy Hecht M. para LOFscapes
18.08.2015


La noción de paisajes tejidos parece estar de moda por estos días, lo cual no parece ser algo malo si es usada correctamente, vale decir, como una analogía al hecho que el paisaje no es algo que está ahí ni es algo que se encuentra. Por el contrario, es algo que se urde, trama y entrelaza; se articula, se idea y, por sobre todo, se confecciona.
 

Aunque parezca una contradicción, intuitivamente la noción de paisajes tejidos nos parece algo lógico. Ahora bien, esta columna pretende establecer las bases teóricas que esta analogía implica, sin por ello caer en teorías poco ajustadas a la noción de paisaje contemporáneo. Tal como postula el título que da nombre a la sección homónima de LOFscapes, el paisaje no es algo que está ahí ni es algo que se encuentra. Por el contrario, es algo que se urde, trama y entrelaza; se articula, se idea y se confecciona.

Hay que partir estipulando que el paisaje –y el proyecto que lo define– no se posa en la naturaleza, muy por el contrario, en la esencia misma que el concepto de tejido implica, paisaje es el resultado de esa necesidad imperiosa de articular procesos de organización urbana y sistemas naturales – porque, aunque no es tema de esta columna, la naturaleza es un ente igualmente complejo y compuesto, al punto que Raymond Williams no ha dudado en establecerla como uno de los conceptos más complejos de nuestro lenguaje (1).

Los arquitectos del paisaje y todos aquellos profesionales que han intervenido los espacios abiertos de nuestras ciudades han, tradicionalmente, establecido dichas transformaciones en función de las cualidades físicas que se espera que los lugares adquieran. Como resultado, la idea de paisaje como una construcción –ergo, artificial– en continua transformación ha sido ignorada y reemplazada, las más de las veces, por la idea de paisaje como una escena detenida en el tiempo, específicamente en el minuto de su ejecución. Esta idea está profundamente arraigada en un país como Chile, sin una extensa tradición en el reconocimiento deintervenciones de paisaje al nivel de países pioneros en el tema como Estados Unidos o algunos europeos. Lentamente eso sí, hemos logrado aproximarnos al paisaje como el resultado de la interrelación entre geografía física y procesos históricos y socioculturales, algo particularmente visible en tres escalas de aproximación, y consecuente análisis del problema:

1.     La definida por la estructura organizativa del proyecto, donde se distinguen temáticas de orden espacial a gran escala (estrategias urbano-territoriales) y relaciones establecidas entre las partes, en una estructura que permanece abierta y dinámica, que supone y anticipa la posibilidad de adaptabilidad de las formas constituyentes ante la posibilidad de concreción de futuros urbanos imaginados;

2.     La definida por la organización del sitio del proyecto, ya sea en términos espaciales, programáticos y/o materiales, donde el interés radica en establecer cómo funcionan los paisajes; cómo operan en términos urbanos, sociales e hidrológicos, entre otros; cómo refuerzan la estructura de la ciudad sin dejar de crear nuevas; y cómo sustentan un rango complementario y a ratos contradictorio de programas cívicos; y,

3.     La definida por la representación de los proyectos, donde el entendimiento de las circunstancias del sitio de emplazamiento obliga al desarrollo de técnicas de mapeo y diagramación para dar cuenta de las complejidades aparentemente inmanejables e informes del sitio.

Tanto la actual Directora del Programa de Arquitectura del Paisaje de Harvard, Anita Berrizbeitia (2), como el reconocido arquitecto del paisaje James Corner (3) han planteado que si coincidimos que desde la práctica disciplinar se proporciona forma física a las configuraciones urbanas, consecuentemente la organización, programa, escala y materialidad son fundamentales en el entendimiento de aquello que se propone. Proyectos estratégicos como los de paisaje suponen el diseño de sistemas en superficie, una sincronización de materiales, una lógica de implementación, una rezonificación de suelos y la definición de una conversión territorial en el tiempo. Esto ha permitido, en conjunto, cambiar el antiguo paradigma del paisaje como una escena bucólica y estética por sistemas complejos, performativos, multifuncionales y de larga duración.

Entonces, si es cierto que el paisaje no puede ser capturado en un sólo momento pues siempre está llegando a ser algo, coleccionando sus procesos de ideación, materialización, crecimiento y decadencia, ¿por qué buscamos seguir creyendo que es un medio de sublimación geográfica que se posa en el territorio?

Notas
(1) Ver Williams, “Nature” en Keywords (New York: Oxford University Press, 1985 [1976]), p.219.
(2) Ver Berrizbeitia, “Re-placing Process” en Jualia Czerniak y George Hargreaves (eds.), Large Parks (New York: Princeton Architectural Press, 2007), p.174-96.
(3) Ver Corner y Alison Bick Hirsch (eds.), The Landscape Imagination: Collected Essays of James Corner 1990–2010 (New York: Princeton Architectural Press, 2014).

Leyenda de Imágenes
(1) Jardín en Tebas, 18ava Dinastía Egipcia (c.1543-1292 ac) © google.com
(2) Ernesto Charton, Valparaíso Visto desde el Cerro Alegre (1859) © Colección privada
(3) Pietro de’ Crescenzi, Trattato dell agricoltora (s.XV) © google.com
(4) Alex Wall y OMA, Axonométrica frontal de capas del paisaje propuesto Concurso Parc de La Villette (1982) © socks-studio.com
(5) Alex Wall y OMA, Detalle axonométrica frontal de capas del paisaje propuesto Concurso Parc de La Villette (1982) © socks-studio.com
(6) 28 Days Later (2002) © Pantallazo Romy Hecht M. para LOFscapes

 
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