Sobre el (des)protegido Patrimonio Natural de Chile

Tomás Gárate Silva para LOFscapes
11.08.2015


El Fondo Mundial para la Naturaleza señala que Chile utiliza sus recursos naturales a una tasa mucho mayor que la que sus ecosistemas son capaces de renovar, ubicándose dentro de los 50 países menos sostenibles a nivel mundial. En base a lo anterior, esta columna plantea que la conservación del patrimonio natural debería tener particular relevancia en la discusión académica y política chilena, ya que éste constituye un factor fundamental para la sostenibilidad de nuestra sociedad.


La riqueza del patrimonio natural de Chile es incuestionable. Las condiciones geográficas del país sostienen una diversidad ecosistémica única, la cual históricamente ha trascendido en procesos de significación e identidad en torno a la naturaleza y al territorio nacional. Los altos índices de endemismo en nuestras especies (25%) y la particularidad de sus hábitats permiten que el país cuente con 1 de los 25 Hotspots mundiales de biodiversidad y 10 Reservas de la Biósfera. Al mismo tiempo, esta riqueza natural ha permitido que la explotación de materias primas se consolide como uno de los sectores más importantes de nuestra economía, principalmente a través de la minería, la agroindustria, la industria forestal, la pesca y la acuicultura. Sin embargo, el sostenido crecimiento económico y el aumento en la demanda de bienes y servicios ha significado al mismo tiempo una presión constante sobre los recursos naturales del país. Los patrones de consumo consolidados en los países desarrollados y en los estratos más ricos de los países en desarrollo presentan señales concretas de su insostenibilidad a escala global, en gran medida, porque no consideran ni cuantifican las externalidades ambientales asociadas.

El Fondo Mundial para la Naturaleza señala que Chile utiliza sus recursos naturales a una tasa mucho mayor que la que sus ecosistemas son capaces de renovar, ubicándose dentro de los 50 países menos sostenibles a nivel mundial (1). Esta presión tiene efectos directos en el estado de la biodiversidad e implicancias socioculturales profundas. En nuestro país el 60% de las especies están comprometidas: 3 se han extinto en estado silvestre y 1 de forma definitiva, 41 se encuentran en peligro crítico de extinción, 45 en peligro y 93 son vulnerables (2). Por otro lado, sólo en el último año, en la región de la Araucanía se ha quemado una extensión de bosque equivalente a la superficie conjunta de las comunas de Santiago, Vitacura, Las Condes, La Reina, San Miguel, La Florida, Peñalolén, Ñuñoa, San Joaquín, Huechuraba, Estación Central y Providencia.

Dada esta problemática, la conservación del patrimonio natural debería tener particular relevancia en la discusión académica y política chilena, ya que éste constituye un factor fundamental para la sostenibilidad de nuestra sociedad. En ese sentido, el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (S.N.AS.P.E) asoma como un organismo estratégico en la conservación de la biodiversidad nacional. En la práctica, ésta es la única herramienta de gestión territorial de áreas protegidas con presencia en casi todo el territorio nacional, abarcando la protección del 75% de la superficie total de dichas áreas.

Pero, frente a las lógicas de priorización de los gobiernos y sistemas parlamentarios –cortoplacistas y obsesionados con los bonos, los votos y los proyectos con mucho ruido y pocas nueces– la realidad del S.N.A.S.P.E es lamentable e injusta. Según las estimaciones más conservadoras, el valor del flujo anual de los servicios ecosistémicos que provee el S.N.A.S.P (3) es de US$2.551 millones, equivalente al 2,2% del PIB y promediando US$170 por cada hectárea protegida. Esto contrasta fuertemente con la paupérrima inversión estatal en protección ambiental y en áreas protegidas, la cual equivale respectivamente al 0,1% del PIB y el 0,03% del gasto público anual, lo que promedia finalmente US$0,5 por hectárea protegida.

En definitiva, el valor del aporte anual del S.N.A.S.P al país supera 45 veces al gasto público en conservación de la biodiversidad y el paisaje. Esta falta de presupuesto se manifiesta en que un cuarto de las áreas protegidas del sistema se encuentra sin administración efectiva, a merced de la explotación de sus recursos, la caza y la ocupación ilegal (4).

La problemática en torno a la conservación del patrimonio natural es compleja y las proyecciones de los expertos son escépticas respecto a su futuro en el corto y mediano plazo. La desarticulación entre el S.N.A.S.P.E y el resto de los instrumentos de gestión territorial es profunda y las brechas de financiamiento ya mencionadas son abismales si se consideran los estándares internacionales de inversión estatal. Considerando este contexto, ¿es posible empoderar a los gobiernos locales para generar identidad en las comunidades a partir de elementos propios, tales como la naturaleza y el paisaje? ¿Cómo podemos generar valor en torno a la principal herramienta de conservación del país desde disciplinas asociadas al diseño territorial y urbano, y comunicar dicho valor de manera efectiva? ¿Por qué estas disciplinas no generan proyectos de gestión territorial que reconozcan y se hagan cargo de los significados del patrimonio natural, ese que vuelve único, diverso y sostenible a las comunidades y naciones?

Tomás Gárate Silva. Estudiante de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Director de Relaciones Públicas de Fundación Legado Chile, organización dedicada a la conservación del patrimonio natural del país. 


Notas al Pie
(1) M. Flores, Planificación Financiera para Sistemas Nacionales de Áreas Protegidas (Arlington: The Nature Conservancy, 2008).
(2) Datos según la IUCN Red List of Threatened Species (2015).
(3) El S.N.A.S.P, a diferencia del S.N.A.S.P.E, considera tanto a las áreas protegidas privadas como a las estatales.
(4) E. Figueroa, Informe Final de Consultoría. Valor Económico de la Contribución Anual del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Chile y Análisis de su Financiamiento (Santiago: CONAMA/GEF-PNUD, 2015).

Leyenda Imágenes
(1) Parque Nacional Hornopirén, los encantos del Bosque siempreverde © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(2) Valle de Cochamó, un ecosistema que no cuenta con ningún tipo de protección ambiental, pero que recibe cada vez mas presión © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(3) Valle de Cochamó, un ecosistema que no cuenta con ningún tipo de protección ambiental, pero que recibe cada vez mas presión © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(4) Futuro Parque Patagonia, iniciativa de gestión público/privada de conservación estatal © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(5) Reserva Nacional Alto BíoBío, un área protegida estatal que no cuenta con presupuesto asignado, no tiene plan de manejo y sus 33.525 ha son administradas por un solo guardaparque © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(6) Parque Nacional Tolhuaca, uno de los epicentros de los incendios forestales de este año que afectaron a la Araucanía el 2015 y que consumieron más de 3.000 has del Parque © Tomás Gárate S. para LOFscapes