La Arquitectura Turística y el Desarrollo del Paisaje

Macarena Cortés D. para LOFscapes
19.01.2016


Ad portas de salir de vacaciones, nuestra columnista invitada reflexiona cómo la arquitectura ha vuelto a estar exigida por las necesidades del turismo de acoger las actividades que involucra y sus distintas escalas de trabajo, las que definen las piezas o entidades arquitectónicas de equipamiento turístico más allá de sus condiciones arquitectónicas, por cierto atractivas. El desafío es entonces superar la excepcionalidad de estas piezas y asumir su rol como epicentro de intervenciones paisajísticas y territoriales mayores, que hoy por hoy definen las condiciones contemporáneas del turismo nacional.
 

Durante el siglo XX tanto en Chile como en el resto del mundo cambiaron las concepciones sobre el tiempo libre, las vacaciones y el viaje. Estas nuevas concepciones implicaron nuevas actividades de ocio y nuevas relaciones con la naturaleza, que exigieron respuestas arquitectónicas, paisajísticas y de planificación totalmente nuevas, las que fueron acogidas por la modernidad como un desafío más dentro del espíritu de renovación social que se proponía. Por ello, y en sintonía con los desafíos disciplinares, surgieron nuevas entidades como hoteles, residencias, piscinas públicas, clubes sociales y colonias de verano, así como a otra escala se crearon balnearios, centros de descanso, etc. Esta situación, sumada a los cambios técnicos de medios de transporte que permitieron el acceso expedito a destinos de interés, como el ferrocarril, el transatlántico y más tarde el avión, permitió consolidar al turismo como una actividad moderna que en la actualidad ha pasado a ser una de las empresas más rentables y una de las actividades económicas más importantes para muchos países.

La instauración de las vacaciones legales pagadas durante el primer cuarto de siglo, las nuevas concepciones médicas sobre el impacto de estar en contacto directo con una naturaleza sanadora a través de baños de mar y sol y la accesibilidad a zonas costeras, lacustres y de montaña, produjeron nuevos desarrollos urbanos y nuevas entidades arquitectónicas que facilitaron el establecimiento de las actividades turísticas (1).

Hoy por hoy hay consenso en las contradictorias condiciones que ha establecido el turismo como una de las mayores empresas económicas con múltiples y diversas implicancias territoriales, urbanas, paisajísticas y arquitectónicas. Los beneficios económicos y las cualidades de motor de desarrollo urbano y territorial se contraponen a su indudable influencia negativa sobre la naturaleza, los pueblos tradicionales y los entornos frágiles.

En el caso chileno estas condiciones han llevado a explorar nuevos sitios de interés turístico, principalmente ligados a condiciones de naturaleza extrema, imponente y exótica que ha pasado a ser objeto de consumo. Este nuevo foco de interés de la oferta turística nacional ha llevado a crear una serie de hoteles o equipamientos turísticos –termas, piscinas, casinos, etc.– que, valiéndose de arquitecturas de calidad y experimentación proyectual, se han ubicado alejados de los centros urbanos mayores e inmersos en territorios monumentales. Algunos de los ejemplos más reconocidos son el Hotel Salto Chico, Explora Patagonia de José Cruz y Germán del Sol; el Hotel Larache en San Pedro de Atacama y Hotel Remota en Torres del Paine, ambos de Germán del Sol; el Hotel Tierra Atacama en San Pedro de Matías González y Rodrigo Searle; el Lodge la Baita de Gubbins y Polidura y Talhok; el Hotel Indigo Patagonia en Puerto Natales de Sebastián Irarrázaval y el Hotel Tierra Patagonia de Cazú Zegers.

Ante este nuevo panorama es posible proponer tres escalas de trabajo para estas nuevas entidades, las que son entendidas como un sistema de diversas escalas de acción, relacionado y determinado por la ubicación de sitios de interés turístico: primero, la escala del edificio, donde el equipamiento se encuentra inmerso en un entorno natural o semiurbano que define principalmente condiciones de accesibilidad a las instalaciones y la distribución programática. Estas condiciones arquitectónicas responden al tipo de oferta turística que se ofrece, en cuanto a tipo de visitante, edad, intereses, etc.

Una segunda escala es la del paisaje, definida por el entorno inmediato del equipamiento o unidad turística, entendido como un sistema potencialmente identificable con límites urbanos o naturales precisos, que implica una red de elementos al servicio del turismo y ciertos hitos de interés que definen la oferta en términos de mercado y de tipo actividades que se realiza en él. Para ello existen ciertas condiciones de emplazamiento de la pieza en el paisaje (orientación, topografía, recursos hídricos, trama urbana, patrimonio arquitectónico, vistas) y la existencia de elementos significativos como parte de los atractivos del lugar o circuitos turísticos, ya sean naturales (lagunas, termas, lagos, ríos, cumbres, etc.) o edificados (elementos patrimoniales, religiosos, museos, centros culturales, bibliotecas, etc.).

Finalmente aparece la escala territorial, la cual reúne la pieza de equipamiento dentro de una unidad turística y en relación con el territorio amplio en que se ubica, donde el destino, en su concepción más abierta, puede abarcar otras unidades turísticas afines, creando así un sistema territorial de accesibilidad y definición de sitios de interés turístico en una región.

Las tres escalas propuestas definen las piezas o entidades arquitectónicas de equipamiento turístico más allá de sus condiciones arquitectónicas, por cierto atractivas. De esta forma las posicionan al centro de intervenciones paisajísticas y territoriales mayores, que definen hoy por hoy las condiciones contemporáneas del turismo nacional. Estas condiciones no han encontrado una respuesta disciplinar más allá de estas excepcionales piezas de arquitectura.

Podemos decir que los números monográficos de revistas disciplinares de arquitectura chilena contemporánea, como el Nº 650 de Casabella (1997), el Nº 85 de Arquitectura Viva (2002) o el Nº 430 de A+U utilizaron esta condición de trabajo con el paisaje extremo de Chile como una forma de interpretación de la alta calidad arquitectónica alcanzada en este lejano país. Por ello títulos como Terra Neutra, Deep South o Último Chile, Paisajes Próximos de una Tierra Remota, proponían describir la arquitectura nacional desde esta sensibilidad paisajística y territorial, que justificaría las inusitadas respuestas proyectuales.

Sea cual sea el motivo del gran prestigio del cual goza de la arquitectura nacional en el extranjero, sin duda la referencia al paisaje es una constante en sus descripciones. Igual que en el siglo XX, la arquitectura ha vuelto a estar exigida por las necesidades del turismo de acoger las actividades que implica y las distintas escalas de trabajo, en las cuales se integra la obra misma con el paisaje y  el territorio. Nuevamente las respuestas novedosas y desprejuiciadas, que no tienen referentes aparentes, responden a necesidades sociales distintas y a condiciones contextuales extremas.

Macarena Cortés Darrigrande es arquitecto de la Universidad Central de Chile (1996) y Magister en Arquitectura (2002) y Doctora en Arquitectura y Estudios Urbanos (2010) de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Actualmente es investigadora y académica de la Escuela de Arquitectura de la PUC y Directora de Extensión y Comunicaciones de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la PUC.


Notas:
(1) Ver “La Arquitectura Moderna en la Difusión de Chile como Destino Turístico,” en Macarena Cortés, Turismo y Arquitectura Moderna en Chile (Santiago: Ediciones ARQ, 2014).

Leyenda Imágenes:
(1-4) Guía del Veraneante, Sección de Propaganda y Turismo de la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile (Santiago, 1950-1957-1962) © Macarena Cortés para LOFscapes