El Paisaje Cambiante de Georgia O’Keeffe

Verónica Aguirre L. para LOFscapes
15.11.2016

 


Hoy en LOFscapes celebramos a una de las artistas más famosas del mundo a 129 años de su nacimiento: Georgia O’Keeffe. Reconocida por sus pinturas de flores a gran escala, cráneos de animales y paisajes del desierto de Nuevo México, y por haber vendido la obra más cara por una mujer en una subasta, O’Keeffe nos hace partícipes del cambiante paisaje norteamericano.


En la década de 1920, artistas de vanguardia en Nueva York consideraban que máquinas industriales, puentes colgantes y rascacielos eran íconos de la modernidad que, en palabras de Marcel Duchamp, hacían de los Estados Unidos “el país del arte del futuro”. Artistas como John Marin (1870–1953) y Joseph Stella (1877–1946) convirtieron a la fábrica y la ciudad en elementos básicos del arte norteamericano. Un caso paradigmático es la obra realizada por Charles Sheeler (1883–1965) para la Ford Company, a quien se le encargó documentar la nueva fábrica de River Rouge en Dearborn, Michigan (fig.1). Aquí el paisaje se describe como un producto industrial y la fábrica, como un símbolo idílico. Sin embargo, algunos artistas no adhirieron estos conceptos y es en este momento cuando Georgia O’Keeffe extiende la era de la máquina al mundo ‘natural’, cambiando la forma del arte estadounidense y mundial (1).

Un día como hoy, hace 129 años, nació O’Keeffe, mejor conocida por sus pinturas de flores a gran escala, cráneos de animales y paisajes del desierto de Nuevo México. A ella le correspondió rescatar la subjetividad lírica que algunos artistas esperaban erradicar de la era de la máquina. Para lograrlo, se alejó de la ciudad de Nueva York, abandonó por completo las obras que se relacionaran con la producción y el consumo y se trasladó al suroeste de Estados Unidos. Ahí hizo valer su independencia artística, primero, con dibujos hechos en carboncillo (fig.2) y, sucesivamente, con sus flores abstractas y paisajes desérticos. De este modo O’Keeffe, una artista que aparece sin precursores, renovó su propio arte y registró una identidad alternativa para los artistas norteamericanos; en especial para las mujeres, en un período en que eran muy poco reconocidas (fig.3-4).

Inicialmente, si bien los huesos de animales muertos de Nuevo México determinaron sus primeras fuentes de inspiración, fueron los paisajes desérticos con sus inusuales formaciones geológicas, luz clara y colores vívidos, los que fijaron su atención por cuatro décadas. En la obra de O’Keeffe vemos plasmada su experiencia con un paisaje norteamericano cambiante y desigual, especialmente, cuando la artista fue propietaria de dos casas en Santa Fe — su casa de verano en Ghost Ranch y su casa de invierno en el pequeño pueblo de Abiquiu. Sus constantes traslados entre residencias la llevaron a viajar primero en tren y luego, en auto. Gracias a este último medio de transporte llegó a sitios de difícil acceso como las Bisti Badlands, ubicadas en la Nación Navajo, sitio al cual denominaba The Black Place. Algunas de sus más famosas pinturas resultaron de estos paseos. Más tarde, la propia carretera se convirtió en un tema pictórico en sí mismo (2, fig.5-6).

Si bien Georgia O’Keeffe renegó la era de la máquina, en su trayectoria como artista vivió para ver cómo modernas infraestructuras definieron el Suroeste del país, además de experimentar su transformación a causa de la recesión norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial. Más adelante, entre las décadas de 1950 y 1970, la artista viajó alrededor de varios lugares del mundo y como resultado surgieron pinturas de vistas aéreas de nubes y ríos. A partir de las diferentes experiencias que le otorgó el viaje, ‘la madre del modernismo americano’ reveló el carácter del paisaje norteamericano, a través del posicionamiento del desierto como imagen del paisaje estadounidense, el cual se encontraba en pleno desarrollo y transformación (fig.6).

Entre el 6 de Julio y el 30 de Octubre de este año, el Museo Tate Modern en Londres efectuó una importante retrospectiva de la artista, con más de 100 de sus pinturas. La exhibición reunió algunos de sus trabajos más importantes, incluido Jimson Weed/White Flower N°1 del año 1932, la obra más cara vendida por una mujer artista en una subasta (fig.8).


Notas:
(1) H. Foster y F. Chueca, Arte desde 1900: Modernidad, Antimodernidad, Posmodernidad (Tres Cantos: Akal Ediciones, 2006).
(2) A. Guzmán, Georgia O’Keeffe Museum Research Center (Pre-Doctoral Fellow, 2016).

Leyenda Imágenes:
(1) Criss-Crossed Conveyors, River Rouge Plant, Ford Motor Company (1927) © Charles Sheeler
(2) Drawing XIII (1915) © Georgia O’Keeffe
(3) Black Iris (1926) © Georgia O’Keeffe
(4) Cow’s Skull: Red, White, and Blue (1931) © Georgia O’Keeffe
(5) Black Place II (1944) © Georgia O’Keeffe
(6) Mesa and Road East II (1952) © Georgia O’Keeffe
(7) Above Clouds III (1963) © Georgia O’Keeffe
(8) Jimson Weed/White Flower Nº1 (1932) © Georgia O’Keeffe
(9) Georgia O’Keeffe (c.1960) © Michael A. Vaccaro