Creando Paisajes del Aprendizaje en Nuestras Escuelas

Ángela Ibáñez para LOFscapes
06.12.2016


Todos los días, más de tres millones de estudiantes salen a recreo en las escuelas y liceos de nuestro país, salen afuera de sus salas de clases a encontrarse con otros, a recrearse, a jugar, a moverse, a respirar. Durante 15 minutos se conforma un paisaje que los estudiantes componen en relación al espacio del patio escolar. Cuando este paisaje se conforma a partir de un buen recreo, donde los estudiantes se sienten seguros y respetados, es un paisaje de aprendizaje. Por el contrario, cuando el recreo es malo hay problemas de convivencia, peleas y accidentes y, como lo plantea nuestra columnista invitada de esta semana, el rol de la arquitectura del paisaje se vuelve fundamental para revertir esta situación.


El paisaje del aprendizaje lo entendemos como la articulación que se genera entre las comunidades educacionales, su cultura y el territorio donde ésta inserta y que tiene por fin el acto de aprender. En las escuelas encontramos territorios que se pueden conformar como un paisaje del aprendizaje propiamente tal. 

Podemos afirmar entonces que un paisaje del aprendizaje se crea cuando el territorio promueve acciones en la comunidad que tienen relación con la educación, el desarrollo de habilidades de quienes lo habitan y la adquisición de conocimientos. Esto es un proceso activo y dinámico, ya que se encuentra en constante cambio y se compone a partir del encuentro de diversos actores y de su relación con el espacio del patio. 

En Chile, la gran mayoría de nuestras escuelas se encuentran en un territorio que acoge el edificio educacional. Sin embargo, el patio no tiene ninguna intención y ha quedado como un espacio residual de la arquitectura escolar. En la gran mayoría de estos espacios es posible identificar una multicancha construida sobre el cemento, un paño que ha silenciado la riqueza del territorio en el que se encuentra la escuela. En estos duros mantos de cemento los niños juegan durante el recreo, o esperan que pase el tiempo; es en estos paños donde los estudiantes desarrollan habilidades fundamentales para su vida. Durante los recreos en las escuelas de nuestro país los niños juegan fútbol en la cancha, generalmente tres a cinco pichangas a la vez, siendo casi siempre los que juegan un grupo de hombres. Otros niños corren sin cesar e inventan juegos entre ellos. Otros se quedan sentados en el pasillo esperando que pase el recreo. Los más grandes se sientan en las escaleras a seguir conversando. En este contexto, el 33% de los estudiantes chilenos dice sentirse inseguro en el espacio del patio (1), mientras que otra de las estadísticas indica que más del 25% de los estudiantes tiene problemas de sobrepeso (2).

Frente a este escenario, creemos que la arquitectura del paisaje es una herramienta fundamental para crear paisajes del aprendizaje. Estos paisajes tienen por objeto acoger a todos nuestros estudiantes para promover su desarrollo en convivencia y hábitos de vida saludable durante el recreo, a través del juego. 

Los niños, niñas y adolescentes necesitan jugar para un buen desarrollo cognitivo, social, físico y psicológico sano. Por medio del juego y del riesgo los niños aprenden a conocerse a sí mismos y su rol en el mundo. También se aprende el cuidado de sí mismos y de los otros, el conocimiento de sus propios límites, tomar riesgos con moderación y a controlar la rabia. A través del juego los niños practican cómo actuar cuando tienen pena, alegría o desilusión, desarrollando, en síntesis, su tolerancia a la frustración (3).

El diseño del paisaje se vuelve una herramienta fundamental para motivar el juego en las escuelas porque el espacio del patio opera como un ‘tercer profesor’ que puede promover cierto tipo de acciones. Una pequeña pendiente invita a los niños a correr, un muro invita a esconderse, la arena a excavar y un asiento bajo un árbol, a conversar. El paisaje del aprendizaje se trata de pequeñas intervenciones en el espacio que los niños completan con su movimiento y actuar.

De lo anterior concluimos que es fundamental generar un lenguaje en común entre la educación y la arquitectura del paisaje, para convertir los territorios escolares en paisajes del aprendizaje. Este tipo de paisajes articulan la relación entre el espacio y quienes lo habitan, posicionando así al patio como una herramienta útil para mejorar la calidad de la educación de nuestro país tal como lo demuestran, por ejemplo, nuestras experiencias en la Escuela Sagrada Familia de Quinta Normal (fig.1–8), donde la clásica multicancha de cemento fue intervenida a través de la construcción de un borde capaz de acoger el juego libre, la conversación y la observación del espectáculo en combinación con una alameda de Quercus que proporciona sombra y coloración según las estaciones del año y evocando a la distancia a las antiguas alamedas de la Quinta Normal. Aquí los espacios residuales se convirtieron en un espacio arbolado que acoge a los estudiantes, el cemento en un lugar que acoge a todos y promueve una sana convivencia en un ambiente de inclusión y respeto entre los estudiantes: un paisaje del aprendizaje.

Ángela Ibañez es Licenciada en Artes y Humanidades y Magíster en Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente se desempeña como Directora Ejecutiva de Fundación Patio Vivo <www.patiovivo.cl> que tiene como objetivo crear paisajes del aprendizaje vinculando el patio con el territorio donde se encuentra y el proyecto educativo del establecimiento.


Notas:
(1) Encuesta Nacional de Violencia en el ámbito Escolar (Chile, 2009).
(2) Obesity Update (2014).
(3) P. Gray, Free to Learn: Why Unleashing the Instinct to Play Will Make Our Children Happier, More Self-Reliant, and Better Students for Life (2013).

Leyenda Imágenes:
(1) Escuela Sagrada Familia de Quinta Normal antes de la intervención © Fundación Patio Vivo para LOFscapes
(2-8) Escuela Sagrada Familia de Quinta Normal después de la intervención (2015–2016) © Fundación Patio Vivo para LOFscapes