Chile en Miniatura: Paisaje, Territorio y Representación

Gonzalo Carrasco P. para LOFscapes
22.03.2016




El arquitecto Gonzalo Carrasco narra cómo los vestigios del parque temático Chile en Miniatura, también conocido como Mundo Mágico, contienen el potencial de documentar tanto el patrimonio nacional a comienzos de la década de los ochenta, como una visualización de un ideal de paisaje chileno

El 13 de abril de 1983 abría sus puertas el parque temático Chile en Miniatura (posteriormente conocido por el nombre de Mundo Mágico), proyecto realizado por el despacho Swinburn & Pedraza Arquitectos, quienes respondieron así al encargo de trasladar a un modelo escala 1:25 de 350 m de largo los principales hitos geográficos y arquitectónicos del país. Este objetivo implicó que el paisaje nacional fuera sometido a un proceso radical de selección y de descontextualización. Éstas operaciones, junto a la cuidada precisión puesta en la fidelidad de algunos de los modelos exhibidos, hizo de Chile en Miniatura un artefacto que puede ser comprendido tanto como un documento del estado del patrimonio nacional a comienzos de la década de los ochenta, así como una visualización de un ideal de paisaje chileno.

De ahí que enfrentarse hoy al proyecto Chile en Miniatura implica poder interrogarlo por un lado en cuanto al imaginario de paisaje que el modelo proponía y por otro, en cuanto a la forma que éste proyectaba para la futura construcción de un ideal de país. A lo anterior hay que agregar que este doble proceso de representación y proyección fue llevado adelante en un período donde el ambiente político, económico, social y cultural se vio fuertemente marcado por la Dictadura, por la irrupción de la arquitectura posmoderna y por las dramáticas transformaciones a las que estuvieron sujetas las ciudades del país.

Si bien otros parques en miniatura o “mini-mundos” (1) intentaron reproducir un fragmento de realidad a través de una selección de arquitecturas y paisajes en una serie de dioramas o escenas, la particularidad del caso chileno es que su exhibición se desarrolló en un exterior, acrecentando una relación de dominio y una visión de totalidad para el visitante, gracias a la condición de escala propuesta por el modelo (2). En Chile en Miniatura, el paisaje representado no sólo propone un único futuro, sino que al igual que un caleidoscopio estalla en una profusión de posibles visiones, dando cuenta de un territorio múltiple, una verdadera heterotopía. Así por ejemplo, el borde costero es redibujado, presentando no sólo un litoral transformado, sino que fuertemente tensionado por sus elementos productivos en un trazado donde se enfatizan las posibilidades extractivas que ofrece el mar chileno sobre otras, como aquellas referidas al turismo. Otra visión se establece a través de la instalación de siete líneas de ferrocarril, presentándose así a un país donde el tren sería el principal medio a través del cual leer y viajar por el territorio. También se construye el vínculo fundamental de un país con sus altas cumbres en relación a los asentamientos humanos, dando cuenta que en Chile ciudad y montaña actúan como dos entidades fuertemente vinculadas, partes de una misma totalidad.

Chile en Miniatura es también una representación paradójica de la condición imprecisa de lo que es o no es ciudad en un momento histórico donde el crecimiento urbano estaba transformando violentamente al territorio nacional, volviendo imprecisos estos límites. De hecho en el modelo, y en el caso específico de Santiago, la grilla fundacional resultó drásticamente transformada, alterándose sus distancias constituyentes, orientaciones e incluso los edificios que compartían una misma cuadra, dando cuenta más bien de un Santiago alternativo formado por unas cuantas manzanas monumentales.

Desde su actual condición de ruina –siendo vestigios reconocibles los volcanes y las altas cumbres del modelo– casi dieciséis años después de la clausura de Chile en Miniatura resulta pertinente volver sobre un caso donde la representación de nuestras ciudades y paisajes dio pie a la construcción de un mundo ideal, de variables controladas y aprovechándose las posibilidades que otorga la miniatura de dar forma a una imagen del territorio posible de dominar y administrar.

Gonzalo Carrasco Purull es arquitecto (2001) y Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2015), donde es Profesor Asistente Adjunto. Además ha dictado cursos de Teoría, Historia y Crítica en las escuelas de arquitectura de las universidades de Santiago, Mayor, Andrés Bello, Finis Terrae y de la República en Uruguay. Participó como curador del pabellón del Uruguay en la XIII Bienal de Arquitectura de Venecia (2012). Junto con el arquitecto uruguayo Pedro Livni es fundador del sitio de crítica de la arquitectura Vostokproject.com

(7) Lago Llanquihue, condición actual, Chile en Miniatura (2015) © Gonzalo Carrasco Purull


Notas:
(1) Como el de Bekonscot (Gran Bretaña), France miniature, Madurodam (Holanda), Mini Israel, Mini-Europe (Bélgica), Minimundus (Austria), Model World (Irlanda), Swissminiatur, Italia in miniatura, Portugal dos Pequenitos, los turcos de Miniaturk y Minicity, los españoles de Catalunya en Miniatura, Gipuzkoa en Miniatura, Pirenarium y Pueblochico, los sudamericanos de Minimundo (Perú) y República de los Niños (Argentina), además de los diversos parques Legoland emplazados a uno y otro lado del Atlántico. Ahora bien, lo que si aparece como una constante en todos los casos es mantener la condición de miniatura del modelo, con un tamaño inferior a la escala 1:1 y variando desde la 1:72, empleada en el Miniature World canadiense y la 1:9 utilizada en el Wimborne Model Town, la 1:12 de los parques de países con sistema de medidas imperial. En el caso chileno, la escala elegida fue la 1:25 que se repite en la mayoría de los parques en miniatura alrededor del mundo.
(2)
Esta condición ha fascinado a artistas y arquitectos del siglo XX, como fue el caso de Charles Eames y su réplica de un itinerario en tren por pueblos y campos en miniatura que registró en su cortometraje “Toccata for Toys Trains” de 1957. El escritor Paul Auster registró esta fascinación en la descripción de la ciudad en miniatura, o “Ciudad del mundo,” que el personaje de Stone construyó en su novela La Música del Azar (1990) que para Auster es “en un sentido, [...] una autobiografía, pero en otro sentido es lo que podríamos llamar una utopía; un lugar donde el pasado y el futuro se juntan.” Es esta condición de utopía la que hace posible el modelo de un paisaje o una ciudad en miniatura, que es el mismo que comparte la obra del artista Isek Kingelesz y sus visiones en miniatura para una Kinshasa surreal y alternativa a la ciudad real. Este carácter para-temporal de la miniatura aparece también en las distintas versiones de Súper-City construidas por Douglas Coupland basándose en los bloques de juguete de su infancia. O también en la ciudad de Aleppo soñada por Mohammed Qutaish, un niño sirio de 13 años que construyó un modelo en miniatura de su ciudad devastada por los bombardeos.

Leyenda Imágenes:
(1) Estadio Nacional, Chile en Miniatura (1983) © Archivo Jorge Swinburn
(2) Vista de Chile Central, sector isla Juan Fernández, Viña del Mar y Valparaíso, Chile en Miniatura (1983) © Archivo Jorge Swinburn
(3) Viña del Mar, edificio Copacabana, Cap Ducal y fragata La Esmeralda. Al fondo, Farellones y Cordillera de los Andes, Chile en Miniatura (1983) © Archivo Jorge Swinburn
(4) Torres del Paine, glaciares y plataforma petrolera de Magallanes, Chile en Miniatura (1983) © Archivo Jorge Swinburn
(5) Volcanes zona Sur, condición actual, Chile en Miniatura (2015) © Gonzalo Carrasco Purull
(6) Torres del Paine, condición actual, Chile en Miniatura (2015) © Gonzalo Carrasco Purull
(7) Lago Llanquihue, condición actual, Chile en Miniatura (2015) © Gonzalo Carrasco Purull