Sobre el Territorio Oculto y la Construcción (no) Reconocida del Paisaje: El Caso del Habitar Cordillerano en el Sur de Chile

Tomás Gárate Silva, para LOFscapes
31.05.2016


La columna de esta semana plantea como nuestra comprensión habitual del entorno a partir de su condición urbana suele ocultar al “resto del territorio”. Reconocerlo y develarlo implica consolidar e impulsar sistemas socio-ecológicos rurales, mediante el diseño de instrumentos de planificación efectivos que rescaten la esencia del patrimonio natural ya construido y que lo integren a planes territoriales más amplios, para así celebrar con orgullo (y de una vez por todas) la esencia del habitar en Chile.

En Chile se define como urbano a todo conjunto de viviendas con mas de 2.000 habitantes, o entre 1.001 y 2.000 habitantes siempre y cuando el 50% de la población económicamente activa se dedique a actividades secundarias o terciarias. Por defecto, la ruralidad recibe la definición de aquel “territorio que queda fuera del límite urbano” o, simplemente, “resto de territorio”. Aunque el 87% de la población del país vive actualmente en ciudades, ese olvidado e indefinido “resto” aún sostiene formas históricas y auténticas de apropiación territorial, sumidas en un acelerado proceso de extinción. 

Dentro de esa desmerecida indefinición se encuentra la domesticidad de montaña del sur de Chile. Lejos de planes reguladores u ordenanzas, gauchos, arrieros y colonos cordilleranos de la décima región de Los Lagos dieron origen a una forma de habitar que responde a extremas condiciones climáticas y de aislamiento.

La accidentada geografía de la zona definió inicialmente el trazado de rutas de comercio y abastecimiento para los arrieros que venían desde o iban hacia Argentina. Al consolidarse dichas rutas, los indómitos valles transversales se convirtieron en la unidad básica de ocupación: establecieron las lógicas de abastecimiento y comunicación, otorgaron sentido de pertenencia y organización y definieron los límites de la “vecindad”, dando forma a una identidad basada en la comprensión y trabajo elemental de la tierra.

El habitar cordillerano amplió las fronteras de lo doméstico de una manera absoluta: bosques, ríos, huertos, baños, galpones, ahumaderos y corrales conformaron activamente la experiencia cotidiana; en definitiva, el hogar se encuentra fragmentado o disperso en el paisaje, o mejor dicho, el paisaje es el hogar. En los espacios interiores, el centro de los ritos y celebraciones en la domesticidad sureña es la cocina. Es el lugar donde se inician y se terminan los días, se recibe a los invitados, se preparan los alimentos y se transmiten mensajes para los otros vecinos; cocciones, frituras, hierbas medicinales, cuero, lana, gatos, madera, polvo y barro son parte de este espesor doméstico intenso y cálido.

La vida se desarrolla en función de las posibilidades que ofrece la estacionalidad, cuidando la esencia de “las cosas que crecen por si solas y erigiendo solo las que no lo hacen”. Cada trabajo toma el tiempo que sea necesario, ya que el único arbitrio temporal lo dan las limitantes naturales: luz, viento, nieve del invierno o sequía de verano. Así, tareas tan simples como proveerse de abrigo pueden tardar más de un año, al tener que esperar la lana de las ovejas, los tiempos de esquila y el tejido. Las cosechas y el carneo de animales otorgan el alimento para pasar las heladas del invierno o hasta la próxima temporada, complementado con insumos externos cada uno o dos meses. El simple hecho de construir una ampliación del hogar, un cerco o una nueva litera exige una meticulosa planificación: buscar en el bosque las maderas específicas según los requerimientos del proyecto, encontrar una trayectoria limpia y segura para la caída del árbol, definir anticipadamente la vía de extracción y acceso para los bueyes, cortar las ramas secundarias, dimensionar y trazar las vigas, pilares y tablas en el tronco caído, coordinar con algún vecino el trabajo de la madera y el posible uso de motosierra y, finalmente, erigir el nuevo recinto. Es así como la producción local y la mantención del hogar contribuyen de forma esencial a la construcción del paisaje cordillerano, a partir de las necesidades domésticas y la dependencia directa del medio.

Sin embargo, la indefinición territorial en la que se encuentran estas seudo-comunidades es lo que las vuelve vulnerables en el contexto actual: la mayoría de los proyectos relacionados a estas zonas — megaproyectos de conectividad o energía — terminan empobreciendo las cualidades ecológicas, organizativas y domésticas de estos sistemas. Por otro lado, diversas iniciativas turísticas o de suburbanización rural — desarrolladas mediante el decreto de ley 3.516 y el artículo 55 de LGUC — crean valor imponiendo visiones pintorescas y estáticas de un paisaje pre-establecido, condicionando de manera insostenible los significados e identidad local.

Es así como reducimos y ocultamos procesos históricos de construcción del paisaje, mediante iniciativas desarticuladas e ideados muchas veces desde lo urbano. El reconocimiento del “resto del territorio” debe consolidar e impulsar a los sistemas socio-ecológicos rurales, mediante el diseño de instrumentos de planificación efectivos que rescaten la esencia del patrimonio natural ya construido y que lo integren a planes territoriales más amplios, para así celebrar con orgullo (y de una vez por todas) la esencia del habitar en Chile.

Tomás Gárate Silva es Estudiante de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile,  Director de Fundación Legado Chile, organización dedicada a la conservación del patrimonio natural del país, y fotógrafo aficionado del sur del país. Las fotografías que acompañan esta columna pueden ser adquiridas a través de Indómito Sur: <www.indomitosur.cl>

(5) Rutas de comercio y abastecimiento hacia Argentina, Valle de Cochamó © Tomás Gárate S. para LOFscapes

(5) Rutas de comercio y abastecimiento hacia Argentina, Valle de Cochamó © Tomás Gárate S. para LOFscapes


Leyenda Imágenes:
(1) Don Manuel, Valle de Cochamó © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(2) Cocina a leña, parte fundamental del espacio doméstico del sur de Chile © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(3) Mateadas con sabor a lenga y humo, rito sagrado en el sur de Chile © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(4) Fragmentación del hogar en el paisaje © Tomás Gárate S. para LOFscapes
(5) Rutas de comercio y abastecimiento hacia Argentina, Valle de Cochamó © Tomás Gárate S. para LOFscapes