Las Dimensiones del Paisaje Andino

David Valdés Figueroa para LOFscapes
19.07.2016

 


Contrario a lo que uno podría pensar, nuestra cultura no es de montañeses. Si bien poetas como Mistral o Neruda, escritores como Coloane o pintores como Pedro Lira la han plasmado en sus obras, el conocimiento de la Cordillera no provino puramente de la pasión, sino mas bien de mandatos gubernamentales de reconocimiento del territorio. Trabajos como los de Hans Steffen, Amado Pissis, Ignacio Domeyko o Claudio Gay han terminado en un reducido escenario académico, sin permear en la población de nuestro país. Esta disociación con el entorno nos ha llevado a ser un pueblo mediterráneo, que vive de espaldas a la cordillera y al mar, donde la curiosidad tan propia de la infancia ha sido anquilosada por los valles donde se asientan las ciudades. Y si la dimensión del paisaje andino sigue negada a la gran mayoría de nosotros, habitantes, no lo es para nuestro columnista invitado.   
 

Cuando la adversidad climática no me permitía salir a recorrer la pampa cercana a mi casa, pasaba horas pegado a la ventana de mi pieza, mirando una aguda inflexión que quebraba el lejano y monótono horizonte de la estepa fueguina. Mientras ideaba durante horas la mejor ruta para ascender aquel cerro, volvía reiteradamente a mí la figura del padre salesiano Alberto María De Agostini, quizá el mejor explorador de Chile del siglo pasado. Lo imaginaba joven aún, recién llegado de Italia, en alguna tierra alta con vista al estrecho de Magallanes, observando, en un diáfano día de verano, el inalcanzable monte Sarmiento, una de las montañas más hermosas de Chile y obsesión de su vida.

Sea que fuere el monte Sarmiento o este pequeño y lejano cerro de mi infancia, lo que gatilla el incombustible deseo de explorar es la imperiosa necesidad de mantener viva aquellas visiones notables de tierras inhóspitas, tan propias de edades más tiernas. En este sentido, la práctica del montañismo es un catalizador de la curiosidad y una forma de materializar aquellos paisajes tantas veces soñados. A través de su práctica, no sólo es posible satisfacer un interés puramente deportivo, sino además el de conocer y permearse de las culturas que viven en el seno de las montañas. De esta forma, el paisaje andino, con sus más de 7000 km de extensión, se presenta como una ventana al pasado geológico y cultural de nuestro continente y, a la vez, como un ambiente propicio para poder observarse así mismo. Mirado de esta forma, la exploración de la Cordillera ha significado un recorrido por tres dimensiones: la dimensión expresiva, la dimensión reflexiva y la dimensión social.

La dimensión expresiva se manifiesta en zonas fértiles, donde la vida natural se presenta de manera explícita. En estas montañas escarpadas cubiertas de selva, todo es ruido y movimiento. Son los Andes de Colombia, Ecuador y parte de Perú y Bolivia; son también los Andes verdes de la costa desmembrada del sur de Chile.  La exploración se reduce a ser espectador de lo que allí pasa.

La dimensión reflexiva del paisaje andino conlleva cierta taciturnidad. La invitación en estos parajes es a explorarse a sí mismo, acompañados del viento o del silencio más inquietante, el escenario son los Andes del Altiplano o del Desierto de Atacama, pero también las enhiestas cumbres de los campos de hielo de la Patagonia.

La dimensión social de los Andes es transversal a lo geográfico, el ascenso a sus cumbres conlleva necesariamente el tránsito por aldeas o villas a la vera de los mapas que sirven de punto de partida para las excursiones. Son pequeñas poblaciones con economías de subsistencia, extremadamente pobres a la luz de la visión occidental, pero que paralelamente son custodios del acervo cultural de los Andes. En estos asentamientos surgen conversaciones no presionadas por el reloj y donde el mito se confunde con la realidad.

Entendiendo que los móviles de la curiosidad son distintos en cada persona, he encontrado en el recorrido por estas dimensiones del paisaje andino la forma más sincera de experimentar el presente despojado de cualquier otra temporalidad, sólo el aquí y el ahora. Este viaje por el paisaje es, en definitiva, lo que permite a las almas inquietas sentirse vivo. A De Agostini le llevó cuarenta seis años conquistar la cima del monte Sarmiento, dejó en el trayecto la estela indeleble de una obra monumental colmada de hermosas imágenes de la geografía patagónica, sus cumbres y sus gentes. Espero demorarme tanto o más que él en conocer la cima de aquella lejana montaña en el horizonte de la estepa fueguina.  

David Valdés Figueroa es abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Director Ejecutivo de la Sociedad Geográfica de Documentación Andina - Andeshandbook <http://www.andeshandbook.org/>, institución que busca promover la valoración de la Cordillera a través de las actividades al aire libre. 


 Leyenda Imágenes:
(1) Arrieros de montaña del valle del Maipo © David Valdés F. para LOFscapes
(2) Travesía de invierno en Campo de Hielo Norte © David Valdés F. para LOFscapes
(3) Marmolejo, el seismil más austral del mundo © David Valdés F. para LOFscapes 
(4) Macizo de Condoriri, Andes bolivianos © David Valdés F. para LOFscapes
(5) (Des)proporciones del volcán San José © David Valdés F. para LOFscapes
(6) Rucu Pichincha, volcán extinto de Ecuador © David Valdés F. para LOFscapes
(7) Cordillera del Paine, © David Valdés F. para LOFscapes
(8) Las soledades de los cerros del desierto de Atacama © David Valdés F. para LOFscapes
(9) Grietas en glaciares altiplánicos © David Valdés F. para LOFscapes
(10) Arrebol sobre los Payachatas © David Valdés F. para LOFscapes