Érase una Vez... Cuando el Paisaje se Encontró con la Ecología

Camila Medina Novoa para LOFscapes
05.07.2016

 


Hoy y debido a los múltiples sucesos territoriales que acontecen en nuestro país, las redes sociales y otros medios de comunicación han trasladado el foco de interés desde los desastres naturales a los desastres ecológicos, construyendo una suerte de vaivén de discusiones acerca de cómo estamos haciendo uso e interviniendo nuestro territorio. Esta columna nos introduce a una descripción del momento en que el paisaje establece una relación con la ecología, sugiriendo ideas acerca de cómo Chile se ha relacionado con la historia de la arquitectura del paisaje en este contexto.
 

Se podría afirmar que el paisaje es la manifestación del encuentro entre naturaleza y habitante, pues es tras la relación entre ambos donde surge la interpretación, uso y goce del territorio. Esta relación varía según el contexto cultural en donde se desarrolle, influyendo fuertemente la tecnología existente, los procesos de urbanización y múltiples eventos históricos imperantes. En base a lo establecido, es en la interacción hombre-naturaleza donde se funda el paisaje, tal como lo explica el arquitecto del paisaje James Corner: “Como un 'otro' radical, lo salvaje es impresentable, innombrable; y a su vez nunca podrá ser capturado como una presencia, al mismo tiempo que no es exactamente nada” (1).

Hoy y debido a los múltiples sucesos territoriales que acontecen en nuestro país, las redes sociales y otros medios de comunicación han trasladado el foco de interés desde los desastres naturales, como sismos y aluviones, a los desastres ecológicos asociados a alguna actividad productiva, como por ejemplo la que ha afectado a la fauna marítima en el sur del país (2). Así, se ha construido una suerte de vaivén de discusiones relacionadas a las manifestaciones de las fuerzas naturales que nos recuerdan nuestra incapacidad de controlarlas y a su vez, nuestra responsabilidad en intentar construir una relación de equilibrio con ellas.

Pareciera ser entonces que cuando hablamos de paisaje, no nos basta simplemente con hablar de plazas, jardines, huertas, parques urbanos o parques nacionales, sino también de los procesos naturales y sistemas asociados a la topografía, geología, océanos, flora y fauna, entre otros sujetos activos del medio habitable.

Pero, ¿es esta temática una preocupación que surge hoy? ¿Cuándo la emotividad, los ejes geométricos y las escenas construidas dejaron de ser un objetivo principal en el diseño de proyectos de paisaje? ¿Cuándo se sumó la ecología a la contemplación y el disfrute de la belleza estética?

La respuesta es definitivamente compleja, aun cuando es posible identificar dos momentos donde los fundamentos de las composiciones fueron más allá de las formas hasta incorporar ideas asociadas a los sistemas naturales y a su uso en beneficio del habitar del hombre.

El primer momento se asocia a la revalorización de la naturaleza y a su incorporación en la ciudad para el fomento de la higiene y la vida en las atestadas urbes del siglo XIX. En este período el creciente desarrollo de industrias, y consiguiente hacinamiento de trabajadores, generó en las vertiginosas y expansivas ciudades importantes problemas sociales y sanitarios. En este contexto, el arquitecto del paisaje estadounidense de la época, Frederick Law Olmsted, apostó por acercar los elementos naturales a los trabajadores y habitantes de los centros urbanos a través de la construcción de parques, tal como lo establece en su discurso expuesto ante la American Social Science Association de Boston en 1870 en relación al Central Park de Nueva York, probablemente su obra más conocida:

El aire es desinfectado por el sol y el follaje. El follaje actúa mecánicamente para purificar el aire como una pantalla. Es una oportunidad y un incentivo para escapar en intervalos frecuentes del aire confinado y viciado del cuarto comercial, y proveer a los pulmones aire filtrado y purificado por árboles y luz solar, junto con la oportunidad e incentivo para escapar de condiciones que requieren vigilancia, guardia y actividad con otros hombres — si esto se pudiera apoyar económicamente, nuestro problema estaría resuelto (3).

Otorgarle un valor higienizador a los espacios verdes fue algo que también sucedió en Chile a inicios del siglo XX. Una de las voces más importantes en este aspecto fue el sobrino de Benjamín Vicuña Mackenna, Alberto Mackenna Subercaseaux, Intendente de Santiago entre los años 1921 y 1927 y principal promotor de la transformación del cerro San Cristóbal de un cerro árido utilizado como cantera a un parque forestado para la contemplación, recreación y salud pública.

El segundo momento se asocia al período histórico donde el hombre entiende que su accionar es capaz de afectar a los sistemas naturales y provocar desastres que afectan al medio ambiente y con ello, a las personas. Esto se desarrolló alrededor de la década de 1960, cuando algunos miraron al cosmos como una oportunidad para inventar nuevos habitares, mientras otros buscaban un cambio de estilo de vida para intentar ser parte de la ya perdida naturaleza.

Así, pese a que el término ecología fue introducido por primera vez en 1869 por el zoólogo alemán Ernst Haeckel, sus aplicaciones en relación a la urbe tuvieron su momento de auge a mediados del siglo XXI, cuando la densidad de las ciudades y la intervención sobre el territorio fue más evidente. Fue entonces cuando, por ejemplo, el planificador urbano escocés radicado en EE.UU Ian McHargh desarrolló un sistema de interpretación territorial de lectura de “capas” (3), que permitió distinguir los usos apropiados para los sitios según su nivel de intervención, por ejemplo, según potenciales productivos o valores intrínsecos como reserva natural.

Mientras se desarrollaban estas ideas, en Chile, los ideales ecológicos se relacionaban más bien a la cultura hippie local — usualmente asociada a la izquierda política — que más que entender los sistemas naturales desde su potencial productivo, se abordaban desde su imaginario como naturaleza, es decir como aquel territorio ‘dado’, y frecuentemente asociado a la cultura aborigen. A su vez, tras el golpe de Estado de 1973, las preocupaciones se centraron en los conflictos políticos y sociales, y la relación del país con el territorio se redujo a la búsqueda del progreso y desarrollo económico basado en el consumo, impulsado por el modelo estadounidense importado. Tal vez (y generalizando) es por la idea de que el consumo de por sí generaría progreso, sumado a una falta de conciencia en relación al manejo de los recursos naturales que, en la actualidad y de manera tardía, temas relacionados a la ecología nos afectan y a su vez nos llaman intensamente la atención.

A nivel mundial hoy, la arquitectura del paisaje ha asumido en plenitud la idea de la ecología como una oportunidad para recuperar o renovar sitios altamente intervenidos, usando para ello la idea de proceso, es decir, entendiendo que a los actos le siguen consecuencias, ya sea positivas o negativas, y que afectan en alguna medida al medio ambiente. Sin embargo, se entiende que esta no es la única variable para desarrollar un proyecto de paisaje, se incorporan también la cultura, economía e historia del lugar como factores proyectuales o, al decir de la teórica sobre el paisaje contemporáneo Anita Berrizbeitia, “los grandes parques son fundamentales para las ciudades, no solo porque ellos asume funciones infraestructurales y ecológicas desplazadas por los centros urbanos densamente construidos, sino también porque son lugares distintivos y memorables” (4).

La invitación local, entonces, sería avanzar sobre el paradigma decimonónico que posiciona al paisaje como aquello opuesto a la ciudad, y también sobre el paradigma ecológico de los años 60 que determinó al hombre como un agente invasivo dentro de los sistemas naturales, para así intentar conciliar de manera equilibrada el habitar en una síntesis que no niegue la cultura y los avances tecnológicos, pero que a su vez entienda que el accionar del hombre es parte de un sistema en constante cambio y dependiente de fuerzas naturales de complejidad inabordables.


Nota:
(1) James Corner, “Ecology and Landscape as Agents of Creativity” [1997] en Corner y Alison Bick Hirsch (eds.), The Landscape Imagination: Collected Essays of James Corner 1990–2010 (New York: Princeton Architectural Press, 2014), p. 271. Traducción de la autora. Cita original: “As a radical 'other', the wild is unpresentable, unnamable; and although it can never be captured as a presence, it is at the same time not exactly nothing”.
(2) Frederick Law Olmsted, “Public Parks and the Enlargement of Towns” [1870] en Robert Twombly (ed.), Frederick Law Olmsted: Essential Texts (New York: W.W. Norton & Company, 2010), p. 221. Traducción de la autora. Cita original: “Air is disinfected by sunlight and foliage. Foliage also acts mechanically to purify the air by screening it. Opportunity and inducement to escape at frequent intervals from the confined and vitiated air of the commercial quarter, and to supply the lungs with air screened and purified by trees, and recently acted upon by sunlight, together with the opportunity and inducement to escape from conditions requiring vigilance, wariness, and activity toward other men –if these could be supplied economically, our problem would be solved”.
(3) Ver imagen 2.
(4) Anita Berrizbeitia, “Re-Placing Process” en Julia Czerniak y George Hargreaves (eds.), Large Parks (New York: Princeton Architectural Press, 2007), p. 175. Traducción de la autora. Cita original: “[...] large parks remain fundamental to cities, not only because they take on infrastructural and ecological functions displaced from densely built centers but because they are distinct, memorable places”.

Leyenda Imágenes:
(1) First View Photo of Earth (1972) © National Geographic
(2) Staten Island (c.1969) © Ian McHarg, Design with Nature (1969)
(3) Map of Central Park (1869) © Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux
(4) Cerro San Cristóbal (c.1930) © Santiago Nostálgico
(5) Emergence through Adaptive Management. Downsview Park (1999) © James Corner Field Operations y Nina Marie Lister
(6) Ecology Principles in Landscape Architecture and Land-Use Planning (1996) © Richard T.T. Forman

 Video:
“Dust” de Parquet Courts (2016) en https://www.youtube.com/watch?v=lRG3R2FmGlY