Renovación de un Paisaje Devastado

 


Marcela Fierro Carrasco para LOFscapes
28.11.2017
 

En una retrospectiva respecto a los incendios forestales de inicios de 2017, y en consideración de que se aproxima nuevamente el verano, Marcela Fierro, ingeniero  agrónomo nos narra sobre uno de los cambios más drásticos en el paisaje del secano costero de la región del Maule, postulando que la continua renovación y evolución del paisaje producido por factores ambientales de diversa escala nos enfrenta a considerar esta misma evolución en la identidad de un lugar.


Según ODEPA (Oficina de Estudios y Políticas Agrarias de Chile), el 65% de la superficie del Maule se destina a uso forestal (88% Pinus radiata, 9,3% Eucalyptus globulus y 3,2% otras especies) (1). Estas plantaciones con especies exóticas han desplazado al bosque nativo, al igual que la agricultura extensiva, que obligó a la tala y despeje de terrenos y al uso del agua superficial y subterránea para obtener rendimientos económicos. El monocultivo de Pinus radiata, con rotaciones de 20 años, comenzó en la década del 70 conduciendo  a una fragmentación acelerada del bosque maulino caducifolio constituido preferentemente por especies de Nothofagus (N. obliqua, N. glauca, N. alessandri, N. dombeyi) y especies del bosque esclerófilo como peumo (Cryptocaria alba), quillay (Quillaja saponaria), lingue (Persea lingue), espino (Acacia caven), maitén (Maytenus boaria), queule (Gomortega keule), maqui (Aristotelia chilensis) entre otras (2).

La complejidad y diversidad del bosque nativo lo hace un ecosistema maduro difícil de reestructurar después de los incendios que asolaron la cordillera de la costa de la séptima región, de tal forma que reestablecer las estrechas relaciones vegetales que existieron obliga a un periodo mayor de recuperación que en el caso de los monocultivos. Sin embargo, este tipo de bosque desplazado por décadas a zonas de mayor pendiente y difícil acceso por las grandes áreas forestales, fueron menos dañados que los parches ubicados entre pino y eucaliptus (3). El bosque exótico, representado mayoritariamente por pino y en menor medida por eucaliptus, establece una ocupación del espacio homogéneo a distancias regulares, a pesar del relieve y disponibilidad del recurso hídrico. Ambas especies, con alta combustibilidad por la presencia de resinas, fueron el detonante, junto a las condiciones ambientales críticas, de verdaderas chimeneas entre los cerros de la cordillera de la costa maulina.
Las especies que se asocian al bosque exótico son muy pocas, especialmente al pino, debido a la gruesa capa de acícula u hoja modificada que acidifica el suelo y provoca efecto de densa cobertura, impidiendo la germinación de muchas especies arbustivas o herbáceas. El daño  fue devastador ya que el fuego, al eliminar el bosque exótico, dejó completamente desnudo al suelo. Los primeros centímetros sufrieron la combustión de la fina capa verde que alberga microorganismos e insectos responsables de la desintegración de la materia, la contención de la erosión y la destrucción de propágulos, que corresponden a estructuras subterráneas de reproducción asexual de los vegetales, específicamente de monocotiledóneas (especies de hojas angostas), como bulbos, rizomas, estolones o semillas y que aseguran la diseminación de ellas a partir de los mismos.

El daño se manifestó en distinta magnitud según las condiciones de relieve y viento; en algunas zonas dejando amplios pasillos arrasados totalmente por las llamas donde los troncos calcinados fueron el último vestigio observable, o de manera parcial donde las llamas abrazaron parte del follaje dejando centros de crecimiento vivo que, de hecho, ya están reactivándose. Toda la ceniza que cayó formó una capa de diverso espesor que, en sectores bajos y quebradas, alcanzó su mayor altura, generando una fertilización natural de fácil asimilación al entregar los minerales ya disponibles para las plantas.

A casi un año de esta tragedia es posible observar cómo la naturaleza se recupera a pulsos variables. Bosques de eucaliptus presentan una mejor renovación desde la base y a lo largo del tronco. Esto generará hasta  10 tocones o renuevos, es decir, el fuego actuó como si se hubiera realizado una tala o corte comercial, que traerá como consecuencia bosques de eucaliptus con  una mayor densidad de follaje y por consecuencia una mayor demanda hídrica subterránea y menor disponibilidad de esta para el resto del ecosistema. En contraposición, el bosque de pino no posee esta adaptación de retoñar, lo que obligará a labores de limpieza y despeje para replantar, si es que se quisiera replantar el área con la misma especie.
Las especies esclerófilas como boldos y peumos han reaccionado con crecimiento basal, quizás como una respuesta repetitiva a los roces y talas que se hacen y que los ha transformado en arbustos leñosos.
Finalmente, zonas de cerros expuestos al sol han sido fertilizados por la fina capa de ceniza que recibieron, dando lugar al crecimiento de hierbas finas que contendrán taludes y serán alimento de masas ganaderas que ya se han establecido. Los sectores de umbría, gracias a la humedad, también presentan finas hierbas y un crecimiento de arbustos, así como los primeros atisbos de geófitas, como Alstroemerias, Huilles y Añañucas que sobrevivieron bajo la tierra gracias a sus estructuras subterráneas.

Entendemos que hay mecanismos mediantes los cuales los elementos vivos de un bosque se recuperan de los incendios, por tanto es importante comprender cómo será la reacción y recuperación de las especies tras los eventos ocurridos, con el fin de anticiparnos a posibles futuros incidentes. Para nuestra ventura, el ciclo se renueva entre los cerros donde la fragilidad es aparente, y a su vez nos hace entender que el uso que le demos al suelo invariablemente definirá la evolución de nuestro paisaje.

Marcela Fierro Carrasco. Ingeniero agrónomo Universidad de Talca, Magister en Arquitectura del Paisaje Pontificia Universidad Católica de Chile.


Notas:
(1) Región del Maule, Información regional 2016 En <http://www.odepa.cl/wp-content/files_mf/1462200595Maulemarzo.pdf>
(2) DL 701 y sus reglamentos. En <http://www.conaf.cl/nuestros-bosques/plantaciones-forestales/dl-701-y-sus-reglamentos/>
(3) Ramiro O. Bustamante, Javier A. Simonetti, Audrey A. Grez Y José San Martín, Fragmentación y dinámica de regeneración del bosque Maulino: diagnóstico actual y perspectivas futuras. En <http://www.ieb-chile.cl/uploads/publicaciones/-1_Bustamante_etal_2005_Bosques_Costeros.pdf>

Leyenda Imágenes:
(1) Condiciones climáticas (temperaturas sobre 30ºC/viento sobre 30 kilómetros por hora y 30% de humedad relativa), relieve y cultivo fueron detonantes en los incendios en el secano costero de la región del Maule. Incendios en el Maule, Enero 2017. ©Marcela Fierro C. para LOFscapes
(2) Tipo de erosión denominada cárcava, producidas por el uso intensivo del suelo y prácticas de cultivo extensivas. Sector La Higuera, Licantén (Junio 2017). ©Marcela Fierro C. para LOFscapes
(3) Bosques de pino y eucaliptus. Sector La Higuera, Licantén. Junio 2017. ©Marcela Fierro C. para LOFscapes
(4) Bosques de pino (Pinus radiata) nula reactivación de crecimiento basal. Vichuquén. Junio 2017. ©Marcela Fierro C. para LOFscapes
(5) Rebrote de colihue nativo (Chusquea culeou) gracias a estructuras subterráneas que sobrevivieron al fuego. Rebrote de colihue nativo (Chusquea culeou ©Marcela Fierro C. para LOFscapes
(6) Crecimiento basal de eucaliptus (Eucalyptus globulus) luego de la tala de limpieza de fustes calcinados. Crecimiento Basal de eucaliptus ©Marcela Fierro C. para LOFscapes