Las Pircas Olvidadas del Cerro Manquehuito · Santiago, Chile

José Antonio Rojas Lucchini para LOFscapes
14.03.2017


Las Pircas del cerro Manquehuito se presentan como un elemento de origen antrópico que con el tiempo han generado una relación indisoluble con su entorno, convirtiéndose en un detonante de relaciones de paisaje y, por lo tanto, en una construcción que merece ser [re]conocida e integrada a la estructura del nuevo parque del cual hoy forma parte.
 

Da gusto ver cómo año a año aumenta el número de personas que suben los cerros de nuestra capital para realizar actividades recreativas al aire libre. Dentro de toda la gama de posibilidades, los cerros Manquehue y Manquehuito son de los destinos predilectos, particularmente para los habitantes del sector oriente de Santiago, siendo éste último un lugar ideal para la realización de deportes como escalada, descensos en bicicleta o las tan populares caminatas hasta las cumbres. Tal cantidad de público han recibido en estos últimos años que entidades privadas han tomado la determinación de crear y administrar un parque en el sector, señalizando las rutas, haciendo mantención de senderos y registrando el ingreso de personas al lugar. Ahora bien, en este intento de formalización de un parque, no se rescató un elemento estructurador del cordón montañoso que ha permanecido olvidado durante décadas y que, pese a estar presente en el ascenso de cada una de las personas que suben el cerro, no ha sido reconocido como una pieza perteneciente al total que conforma el parque; me refiero a las llamadas “Pircas del Manquehuito”, presentes a lo largo de toda la extensión del cordón por aproximadamente 2.3 km, como una suerte de patrimonio material latente.

Desde un punto de vista histórico, las pircas del Manquehuito nos remiten al Santiago agrícola que se mantuvo hasta principios del siglo XX, apareciendo como una suerte de remanente del trabajo de campo, de grandes fundos donde hoy vemos modernas urbanizaciones, presentándonos un vestigio de los tiempos pre alambrados, donde la roca era una buena opción de cierro para proteger animales, marcar límites o dividir campos; en suma, nos hablan del trabajo del hombre y su oficio rural, que ha quedado demostrado en esta esta construcción con su geometría limpia y de estructura resistente, manteniéndose erguida por décadas.

Una primera posibilidad de desarrollo e integración de este elemento, y que queda en evidencia tras recorrer las pircas, es la búsqueda constante de llevar la construcción por el filo de los cerros; esto significa que en muchas ocasiones el muro haya tenido que ser elevado por crestas escarpadas, transformando el mismo cerro en paredón y las rocas puestas por el hombre en el elemento capaz de permitir la continuidad lineal del total. Este hecho realza, a través de la geometría de la pirca, la morfología del terreno. Así va quedando en evidencia la interdependencia que existe entre las pircas y el cerro, no como objetos puestos sobre el terreno, sino como puntos de encuentro entre el suelo y el total construido, lo que se expresa claramente en la materialización de la pirca, donde se pueden diferenciar distintos “granos” a lo largo del muro, lo que alude a su vez a la escala más pequeña del proyecto, a su unidad básica, que manifiesta honestamente las capacidades de transporte y extracción al momento de construir la pirca sin una búsqueda forzada de homogeneidad.

Tras seguir los más de dos km de extensión de la pirca por el cerro y particularmente al momento de alcanzar una vista desde la altura, se puede entender la multiescalaridad del elemento, que a mi parecer es el mayor valor de esta pirca, donde la relación se despega de su contexto directo y se conecta con las vistas lejanas, cuando la pirca deja de entenderse como tal y se transforma en una sombra, una línea que baja serpenteante por los filos de un cordón montañoso que se interna en el valle central, y que mediante un gesto sencillo, se pone en relación con nuestra Cordillera de los Andes, materializando un concepto que nos es común a todos, ese recorte que genera el contraste entre el cielo y nuestra cordillera y que esta olvidada pirca es capaz de traernos hasta nuestras manos.

José Antonio Rojas Lucchini es estudiante del Magister de Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


Leyenda Imágenes:
(1)  Incisión en el valle © José Antonio Rojas L. para LOFscapes
(2)  Pirca, urbe y Cordillera de los Andes © José Antonio Rojas L. para LOFscapes
(3)  Búsqueda del filo © José Antonio Rojas L. para LOFscapes
(4)  Colaboración, cerro como muro © José Antonio Rojas L. para LOFscapes
(5)  Construcción, roca y grano © José Antonio Rojas L. para LOFscapes
(6)  Emplazamiento Pircas del Manquehuito © José Antonio Rojas L. para LOFscapes