Santiago: ¿Dónde están nuestros árboles nativos?

Joaquín Acosta Köhler para LOFscapes
25.04.2017


Durante la última década se han desarrollado en la capital de nuestro país diversos estudios de investigación relativos al arbolado y urbanismo, recopilando gran cantidad de información acerca de las especies de árboles que se encuentran en esta área. Al analizar en detalle estos datos, sorpresivamente se identificó una mínima proporción de individuos de especies nativas. Es por esto que en esta columna nos cuestionaremos porqué la mayoría de los árboles que nos rodean día a día y de los cuales probablemente tenemos mayor conocimiento, provienen desde otras latitudes.
 

Gran parte de los habitantes de las ciudades seguramente conocen o intuyen el basto beneficio que genera mantener y plantar árboles en sectores urbanos. De hecho, organismos como la FAO (Food and Agriculture Organization) destaca a los árboles presentes en las ciudades como excelentes filtros para contaminantes, con capacidad además de secuestrar carbono atmosférico, generar refugio de fauna silvestre, entre otros beneficios (1). Incluso pueden ayudar a reducir las denominadas “islas de calor urbanas” (2) como las desarrolladas durante el verano. En este sentido, programas implementados a nivel nacional por CONAF tales como “+ árboles para Chile” (3), o a nivel internacional como la iniciativa “Million Trees NYC” (4) o “Melbourne Urban Forest” (5), demuestran el creciente interés y trabajo planificado en esta temática, como un factor decisivo al momento de planificar la ciudad.

Basta con un pequeño paseo para observar la realidad cultural y física respecto a la arborización en la ciudad de Santiago:

Me detengo frente a una persona que riega su jardín, su nombre sabría luego es doña Clara, y le pregunto: “¿Usted sabe cómo se llama ese árbol que está regando?”, a lo que me responde: “Este es un aromo, un aromo Chileno.” Al mencionarle que el árbol a su lado efectivamente es un Aromo (Acacia dealbata), pero que no es chileno, sino una especie exótica, le consulto si tiene algún árbol nativo en su jardín, a lo que me responde: “No po, esos están en los cerros, allá en la cordillera, además que acá cuesta que se den [sic]”. Al continuar mí camino, observo y distingo los árboles a mí alrededor: Ciruelos, Plátanos orientales, Jacarandás, Robinias y Álamos, todos ellos especies exóticas.

El desconocimiento de las especies nativas, reflejado en este simple diálogo, podría tener un origen en el hecho de que las primeras actividades de forestación, tales como el cerro San Cristóbal (1921) o la Quinta Normal (1852) eran encargadas a extranjeros que traían especies desde diversos puntos del globo, sin tener mayores antecedentes de nuestras especies autóctonas, entre otras razones apoyadas en la construcción de una ciudad con referentes principalmente europeos. Estas especies foráneas adaptadas y aclimatadas son las que se siguieron utilizando hasta el día de hoy.

A este “acostumbramiento” a especies foráneas dentro de la ciudad, se suma el hecho de que,  cuando se han utilizado especies nativas en proyectos de paisaje urbano, frecuentemente se ha realizado una incorrecta selección para las condiciones específicas del sitio, ubicando por ejemplo especies tolerantes a la sombra a pleno sol, regando en exceso especies que se desarrollan naturalmente en ambientes rústicos, o bien ejerciendo una sobre-fertilización con productos químicos, entre otras prácticas negativas similares.

Diversos censos de vegetación en ciudad en los que he participado, específicamente catastros de lo que se denomina Arbolado Urbano, me han permitido observar el pequeño porcentaje de árboles nativos dentro de la condición urbana.

Por ejemplo, en el marco del proyecto vial Américo Vespucio Oriente (AVO) -entre las avenidas Príncipe de Gales y El Salto- se encontró que de un total de 3.732 individuos presentes tanto en el bandejón central como en las aceras, 268 corresponden a especies nativas, es decir sólo el 7% (6). A su vez, se identificó que la mayor proporción corresponde a individuos exóticos de los géneros Platanus spp, Liquidambar spp, Acer spp y Fraxinus spp, típicas especies presentes en una clásica postal citadina.

En otro caso, el catastro realizado para el Proyecto Nueva Alameda Providencia (7) proyectado desde Pajaritos a Avenida Tobalaba, de un total de 7.349 árboles, 353 corresponden a especies nativas, es decir sólo el 5% del total, del cual nuevamente las especies de los géneros Platanus spp, Liquidambar spp, Robinia spp y Acer spp fueron los más frecuentes. Ambas piezas urbanas mencionadas abarcan extensos tramos donde día a día transitan miles de personas, constituyendo un paisaje común e identitario formado por especies que no tienen origen en nuestro país. Por último, otra área que abarca una considerable superficie en la comuna de Macul, es el campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica, el cual mantiene cerca de 1.750 árboles, donde sólo el 14% corresponde a especies nativas, esfuerzos tales como el que está desarrollando la Oficina de Sustentabilidad UC, en el marco del proyecto San Francisco de Asís, busca aumentar la presencia de especies nativas en este lugar.

Debido a la actual configuración y distribución de las especies que conforman el arbolado urbano, es entendible que las personas tengan mayor conocimiento y cercanía con las especies exóticas, incluso creyendo que son especies nativas, producto de que están a su alrededor todos los días. Esta situación se reitera para el caso de nuestra fauna nativa según un estudio publicado por el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) (8).

En este contexto, considero fundamental integrar mayor variedad de especies nativas, al menos al espacio público, modificando su proporción y por ende, su visibilidad en la ciudad. Es importante dar a  entender que las ciudades y los entornos urbanos pueden –y debieran, a mi parecer- integrar especies autóctonas sin tener que estar excluidas a los cerros, cordillera o parques nacionales, como mencionaba doña Clara. De este modo, la integración de un mayor número de quillayes, peumos, maitenes, además de arbustos tales como corcolenes, romerillos, colliguayes o mayús, no sólo aportaría a la conservación de estas especies, sino a su vez a la educación ambiental, entre otros beneficios relacionados con la ecología urbana.

Probablemente esta columna sea leída por muchas personas interesadas en el tema y con algún nivel de conocimiento en estas temáticas, sin embargo es fundamental que demos a conocer las virtudes de las especies nativas, comentando y difundiendo su importancia y aporte para el desarrollo de nuestras ciudades. De esta manera los invito a no sólo esperar acción a nivel estatal por medio del desarrollo de planes y programas asociados, sino también a actuar, ayudando por ejemplo, a que personas como doña Clara comiencen a familiarizarse con nuestras especies nativas, incorporándolas paulatinamente a nuestra cultura e identidad local.

Joaquín Acosta Köhler. Ingeniero Forestal e Ingeniero Agrónomo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha participado en diversos catastros y censos de arbolado urbano en Santiago y regiones. Actualmente se desempeña en temas de biodiversidad y gestión ambiental.

 
 

Notas:
(1) Food and Agriculture Organization of the United Nations (2016), “Benefits of urban trees” <http://www.fao.org/resources/infographics/infographics-details/en/c/411348/ >.
(2) United States Environmental Protection Agency (2017), “Using Trees and Vegetation to Reduce Heat Islands” < https://www.epa.gov/heat-islands/using-trees-and-vegetation-reduce-heat-islands >.
(3) Corporación Nacional Forestal (2017), “Programa de Arborización + Árboles para Chile” < http://www.conaf.cl/nuestros-bosques/arborizacion/>.
(4) New York City Department of Parks & Recreation (sf), “Million trees NYC” < https://www.nycgovparks.org/trees/milliontreesnyc>.
(5) City of Melbourne (2016), “Explore Melbourne'sUrban Forest” < http://melbourneurbanforestvisual.com.au/>.
(6) Sociedad Concesionaria Vespucio Oriente S.A. Estudio de Impacto Ambiental (2015), “Capítulo 3. Línea de base” <http://seia.sea.gob.cl/archivos/2015/11/03/Cap_3_Linea_de_Base.pdf>.
(7) Nueva Alameda Providencia (2016), “El proyecto” < http://www.nuevaalamedaprovidencia.cl/el-proyecto/>.
(8) La Tercera (2016), “El 70% de la biodiversidad publicada en los textos escolares en Chile no es nativa” < http://www.latercera.com/noticia/70-la-biodiversidad-publicada-los-textos-escolares-chile-no-nativa/>.

Leyenda Imágenes:
(1) Palma Chilena (Jubaea chilensis) © Joaquín Acosta Kohler para LOFscapes. Una especie característica de la zona central de Chile, catalogada como Vulnerablepor la IUCN, presente en pleno corazón de Santiago.
(2) Patagua (Crinodendron patagua) © Joaquín Acosta Kohler para LOFscapes. Una especie característica de zonas húmedas y fondos de quebradas, en Santiago es posible verlo en determinados lugares como el parque Balmaceda.
(3) Calle en la comuna de Providencia © Joaquín Acosta Kohler para LOFscapes. Visual típica de varias comunas en Santiago, donde predominan las especies exóticas del género Platanus
(4) Semillas de Belloto del norte (Beilschmiedia miersii) © Joaquín Acosta Kohler para LOFscapes. El Belloto del norte es una especie que está siendo utilizada como árbol urbano.
(5) Espino (Acacia caven) © Joaquín Acosta Kohler para LOFscapes. El espino es una especie con un gran potencial para ser utilizado como árbol urbano, si bien sus espinas pueden generar rechazo en ciertas personas, su floración, madera y aroma hacen que sea frecuentemente visitado por polinizadores.