El Paisaje en la Literatura y Pintura Chilena: Representación, Ideología y Nación

Romy Hecht M. para LOFscapes
04.04.2017


Con la conversación ‘El Paisaje en la Literatura y Pintura Chilena: Representación, Ideología y Nación’, desarrollada entre Cristina Felsenhardt R. y Sebastián Schoennenbeck G., comenzó el ciclo de diálogos ‘Descubriendo el Paisaje Chileno’, organizado por la Corporación Cultura de Paisaje en Chile. Cada uno de los diálogos de esta primera versión busca aproximarse a la comprensión y valoración de nuestro paisaje, entendido como el resultado de la articulación entre naturaleza y asentamientos humanos y como una oportunidad de desarrollo de nuestra identidad y patrimonio del mañana.

 

Este Jueves 30 de Marzo se dio inicio al ciclo de diálogos ‘Descubriendo el Paisaje Chileno’, organizado por la Corporación Cultura de Paisaje en Chile (www.culturadepaisaje.com), el cual tiene como objetivo construir nuevas narrativas del paisaje en Chile capaces de identificar y representar fragmentos del pasado, develando algunas de las historias que atesora nuestro paisaje.

En el primero de los diálogos contamos con la presencia de Cristina Felsenhardt — arquitecta y Doctora en Teoría de la Arquitectura cuya vasta trayectoria profesional y académica, además de sus numerosas publicaciones, la han posicionado como una voz clave en la formación de diversas generaciones de arquitectos y arquitectos del paisaje — y de Sebastián Schoennenbeck — Doctor en Literatura Hispanoamericana y Chilena y Director del departamento de Literatura de la Facultad de Letras de la P. Universidad Católica quien ha reflexionado sobre cultura, género y paisaje y ha realizado investigaciones postdoctorales en torno a la obra de José Donoso y sus relaciones con voces de la literatura anglosajona. A través de una discusión acerca de posibles representaciones del paisaje en textos narrativos y en la pintura, Cristina y Sebastián nos aproximaron al entendimiento del paisaje en Chile como el resultado de la interrelación entre geografía física y procesos históricos y socioculturales, entre naturaleza y hombre, entre naturaleza y cultura.

A partir de la identificación de la cordillera, el mar y los valles como elementos fundamentales de la idea de paisaje de Chile presentes en la mirada pictórica, Felsenhardt presentó a este paisaje como el territorio visto y vinculado con la percepción, sensibilidad, relaciones emotivas y personales del hombre con su lugar y con la cultura. Es un paisaje que comienza a proyectarse en el siglo XVI desde Europa, determinando la construcción de imágenes míticas que intentan descubrir el escenario geográfico del llamado Nuevo Mundo y que en el siglo XVII se consagra gracias al hallazgo de elementos geográficos diferentes a los europeos conocidos, como el desierto, mar y la cordillera, de una escala, hasta entonces, desconocida. Entre el siglo XVIII y XIX este paisaje se configura primero gracias a la capacidad de observación de los cronistas y dibujantes que se enfocan en elementos vernaculares para contribuir al conocimiento razonado y clasificador de la realidad física, biológica y humana del continente que deja paso a continuación a una mirada que valora los aspectos subjetivos y emocionales del país y sus habitantes, visión recogida, por ejemplo, en la obra de Alejandro Cicarelli, Vista de Santiago desde Peñalolén (1853, ver fig.1). En este contexto, la ciudad de Santiago es representada a través de cuatro sitios paradigmáticos — la Alameda, el cerro Santa Lucía, la Plaza de Armas y las riberas del río Mapocho — que a su vez demostraron las principales temáticas de la configuración urbana: la tensión entre campo y ciudad, la imposición de modelos de paisaje europeos en la trasformación de espacios urbanos coloniales y la condición de aridez de un valle frecuentemente expuesto a accidentes naturales que, sin embargo, no son retratados.

A partir del postulado del geógrafo y filósofo francés Augustin Berque — quien establece que una autonomía con respecto a la retórica, una descripción testimonial y el uso de un lenguaje con efecto visualizantes son claves para que exista una cultura de paisaje — Schoennenbeck planteó que si el paisaje es un modo de representar e imaginar la nación, su descripción en relatos como Durante la Reconquista (Alberto Blest Gana, 1897), Días de Campo (Federico Gana, 1916) y Zurzulita (Mariano Latorre, 1920) tienden a naturalizar ideológicamente los imaginarios naturales planteando, el primero, un paisaje mediado por la mirada de la elite donde la cordillera, por ejemplo, “configura el escenario de un proyecto político y cultural liderado por un pensamiento ilustrado y liberal” (1). Gana, por su parte, a la par de ofrecer una serie de elementos referentes que sitúan al lector en el paisaje del valle central (álamos, cercas tapiadas, las cordilleras), integra al sujeto campesino como consecuencia de una mediación aristocrática integrándose ‘pintorescamente a la escena’, algo particularmente visible en La Poda de Celia Castro (ver fig.2). Lo mismo hace Latorre pero desde una postura mesocrática que permite dirigir la ‘mirada’ del lector al campo que “si bien sintetiza una identidad nacional, no es capaz de configurar una utopía frente a la cual se construya un promisorio imaginario nacional” (2).

Desde esta premisa Schoennenbeck nos dirigió luego a ejemplos de la narrativa de la segunda mitad del siglo XX — con José Donoso (1924–1996), Mauricio Wacquez (1939–2000) y Adolfo Couve (1940–1998) como representantes — quienes posicionan al jardín como “la modalidad más radical del paisaje [el que mientras] en la mirada del viajero encuentra o forja un orden momentáneo e irrepetible en el entorno que se le entrega para transformarse en imagen, el jardín propone dotar esa imagen de permanencia, forjarla como sitio, como lugar” (3). Esto refuerza entonces la premisa de la presentación: “como un velo semitransparente, las obras han obstaculizado la mirada entre nosotros y el territorio nacional”, determinando que no exista una imagen de nación, sino más bien mecanismos para resaltar aspectos y escenarios caracterizadores de un territorio vasto y diverso.

El ciclo de diálogos ‘Descubriendo el Paisaje Chileno’ continúa el Jueves 27 de Abril con el arqueólogo y Doctor en Ciencias Naturales Rubén Stehberg y el arquitecto y Magister en Arquitectura Emilio de la Cerda, que abordarán el Santiago Incaico, y el Jueves 08 de Junio con la arquitecto del paisaje y Directora del programa homónimo de la Universidad de Harvard Anita Berrizbeitia y la arquitecto y Doctora en Teoría del Arte Amarí Peliowski, quienes abordarán la idea de paisaje postcolonial en Latinoamérica. Las sesiones se realizarán en el Auditorio de la Escuela de Arquitectura PUC, El Comendador 1936, 4º Piso. Entrada liberada, cupos limitados. Inscripción: magistermapa@uc.cl

Organiza Corporación Cultura de Paisaje en Chile; colabora Magister en Arquitectura del Paisaje UC / Escuela de Arquitectura UC / LOFscapes / Santiago Adicto.


Notas:
(1 y 2) Sebastián Schoennenbeck, ‘Paisaje, nación y representación del sujeto popular. Visiones de un Chile imaginado’, Aiesthesis 53 (Julio 2013), pp.73–94.

Leyenda Imágenes:
(1) Alejandro Cicarelli, Vista de Santiago desde Peñalolén (1853) © Archivo Visual de Santiago <www.archivovisual.cl>
(2) Celia Castro, La Poda  © La Chileníada < https://chileniada.tumblr.com/post/113514544882/la-poda-pintura-por-celia-castro>
(3–5) Diálogo 1 ‘Descubriendo el Paisaje Chileno’ (30 de Marzo del 2017) © Verónica Aguirre L. para LOFscapes