Ruta Costera de Atacama: entre lo visual y lo táctil

Mercedes Latorre D. para LOFscapes
27.06.2017


Los valores del paisaje árido no son evidentes ni  fáciles de descubrir. Se requiere de una segunda mirada para apreciar por ejemplo la dilución de las formas del relieve en el horizonte y la ausencia de límites, como también descubrir el paisaje de las texturas minerales y vegetales y la sutileza de sus cambios en el recorrido. La distinción del arquitecto paisajista Bernard Lassus referida a dos escalas de acercamiento, la táctil y la visual me parece adecuada para transmitir mi propia lectura e intentar explicar de qué modo los elementos presentes conforman el valor del paisaje de esta ruta costera.
 

Con una longitud de alrededor de 170 kilómetros, la Ruta Costera entre Huasco y Caldera, región de Atacama, dio acceso a una zona litoral remota y poco conocida. En tiempos pasados el acceso a este territorio estaba restringido a los caminos transversales que conectaban localidades interiores con la costa; principalmente debido a la actividad minera y la pesca artesanal que justificaban dichas infraestructuras,  pero también por el interés turístico o científico que suscitaba su vegetación, altamente endémica y por la presencia de magníficas playas enmarcadas por una topografía singular. El nuevo recorrido, parte del proyecto Ruta Costera de Chile (2008), se constituye como un hilo conductor entre lugares y propósitos antes inconexos, en un relato continuo, otorgando una sucesión de paisajes posibles de ordenar y referenciar a partir de él.

Claramente los paisajes áridos se resisten a la fácil valoración y comprensión. La escasez de agua, la presencia de una flora y fauna tensionadas bajo extremas condiciones de adaptación o las despobladas extensiones, son factores que no calzan con el concepto de paisaje culturalmente asociado a la abundancia de vegetación,  siendo que representan un gran porcentaje de nuestro territorio nacional.

Sin embargo, de estas mismas condicionantes, surgen aquellas características propias que le confieren al desierto, gran identidad. Un aspecto destacable, por ejemplo, es que, al estar exento de barreras construidas o naturales, posee una gran amplitud visual. Así, se presenta como un paisaje muy legible, dado que no contiene alta diversidad de elementos ni se observan relaciones complejas entre ellos. De este modo, al estar desprovisto o tener baja cobertura de vegetación, se comporta como un paisaje “desnudo” que permite observar directamente la constitución del relieve, y con ello aprender sobre su formación y relacionar espacialmente estos procesos. (1)

El arquitecto paisajista francés, Bernard Lassus, distingue dos escalas en el paisaje, la escala táctil y la escala visual (2). La escala táctil es aquella donde podemos contrastar información visual con presencia física, donde los objetos o fenómenos tienen volumen, peso específico y materialidad. En contraste, la escala visual es el espacio donde los fenómenos aunque nos procuren sensaciones diversas son solo visuales o aparentes. Esta distinción resulta muy útil para caracterizar el paisaje observado en este recorrido. A la escala visual pertenecen por ejemplo el perfil de los cerros y sus manchas claras u oscuras, cuya constitución (arena, vegetación) no podemos precisar a la distancia. A la escala táctil corresponden la granulometría y color de los materiales pétreos, la percepción del movimiento ondulante de la arena en las dunas, la transición de la vegetación en tipo y densidad entre el humedal y las dunas, entre las terrazas y la ladera. En el paisaje árido, la propia topografía suele ser la única barrera que se opone a la continuidad visual, es por esto que,  en el espacio conformado por planos extensos y cerros lejanos, la percepción corresponde mayoritariamente a fenómenos visuales. En cambio los espacios tendientes a ser más cerrados o convergentes como las quebradas, permiten la constatación física que asociamos a la escala táctil. En este sentido, la observación en movimiento, a velocidad del automóvil, nos remitirá a los fenómenos de naturaleza visual mientras que al detenerse será posible apreciar ambas escalas.

Gracias a este lente de observación, la apreciación de las escalas, es posible descubrir y generar culturalmente un nuevo paisaje, otorgándole valor a páramos que comúnmente –y de manera negativa- describiríamos como desolados. La sucesiva aparición y desaparición de elementos de la topografía, el mar, la vegetación, la constatación de calidades, colores y materialidades bajo la luz del sol o la neblina animan innegablemente este recorrido; es así como el paisaje se renueva y dinamiza, siendo resultado de las múltiples posibilidades de combinación entre estas dos escalas.

Mercedes Latorre Díaz. Arquitecto, Magister en Arquitectura del Paisaje. Autora de la tesis “Registro de paisaje de una Ruta Escénica: Ruta Costera entre Caldera y Huasco, Región de Atacama” 2014


Notas:
(1) Shlomo Aronson ed. “Aridscapes: proyectar en tierras ásperas y frágiles” (Barcelona : Ed. Gustavo Gili, 2008)
(2) Daniela Colafranceschi, ed. “Escala táctil - Escala visual” Landscape +100 palabras para habitarlo. (Barcelona: Ed. Gustavo Gili, 2007)

Leyenda imágenes:
(1) Acceso a playa Chorrillos (2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes. Acceso a playa Chorrillos con la Isla Grande de Atacama apenas visible a través de la neblina.
(2) Cerros aterrazados, playa de Chorrillos (2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes.
(3) Vegetación Dunar (2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes. La vegetación dunar se vuelve más abundante al aproximarse a Las Salinas, desembocadura del río Copiapó.
(4) Cactáceas (2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes. Cactáceas en las laderas próximas al camino.
(5) Rocas y Flora(2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes. El grupo de rocas y plantas se visualizan con alta definición cuando la neblina diluye su contexto.
(6) Micropaisaje (2013) © Mercedes Latorre para LOFscapes. Micropaisaje en el fondo de la quebrada y geositio Los Dedos.