Paisaje Cordillerano como Territorio de Marca

Pedro Álvarez Caselli para LOFscapes
05.06.2017


Tuvimos el agrado de compartir con el diseñador Pedro Álvarez la mesa redonda “Aproximaciones desde el Diseño y Arquitectura del Paisaje” inscrita en las actividades Work in Progress FADEU “Paisaje Nacional”. En esta columna nos compartirá parte de lo que fue su trabajo asociado a la cordillera como un elemento de paisaje que ha sido central en el relato cultural y marcario nacional.

 

En primera instancia, las orientaciones del pensamiento geográfico se han venido desarrollando desde la esfera militar, política y también del ámbito comercial, que es el que aquí interesa, ya sea desde un trabajo cartográfico o de una construcción del paisaje nacional por medio de la representación, de la imagen diseñada.

En este sentido, la neutralidad aparente del paisaje natural –que no es un paisaje geográfico intervenido por el ser humano- es factible de ser transformada en un repertorio de imágenes investidas de discursos y de ideologías, o si se quiere de conjuntos de ideas o creencias individuales y colectivas.

En esta aproximación y compendio del paisaje nacional (desde el dibujo, la fotografía o la ilustración gráfica, desde una perspectiva comercial) se advierte una visión que privilegia la mirada desde el eje norte-sur por sobre los desplazamientos de oeste a este. En otras palabras, un relato cultural y marcario que posiciona a la cordillera como agente de evocación del paisaje por sobre la presencia del mar o el desierto, por ejemplo.

Posiblemente, en este repertorio de imágenes de circulación editorial y comercial, de ephemeras (1), de comunicaciones de productos y servicios transitorios, la representación del paisaje natural centrado en la cordillera ha generado una suerte de sacralización de un imaginario concreto del paisaje nacional asociado al proyecto de nación, en el sentido de generar o imaginar un espacio común, con la posibilidad de vincular simbólicamente a los habitantes del país.

Bajo esta premisa, instalada desde un repertorio de imágenes que designan a productos y servicios comerciales, se va configurando una representación de una cierta particularidad regional –la cordillera estática e inconmovible- que prevalece sobre otros posibles repertorios iconográficos como el desierto, el mar en perpetuo movimiento o los bosques del sur. En este caso, como una estrategia y despliegue visual encaminado a exhibir a un país templado y ordenado, fundado en la diferencia con sus símiles latinoamericanos, que establece ciertas relaciones de proximidad simbólica con las naciones del norte.

Una imagen de frontera natural, de matriz de representación de la realidad geográfica como un elemento permanente e inmutable, cuya magnitud quizás no alcanzamos a comprender. La cordillera está ahí, omnipresente y, como señala Rosario Montero (2), “se nos presenta como una imagen a la distancia, una contemplación de un escenario desafectado”.

En este despliegue de imágenes impresas entre fines del siglo XIX y durante el XX, la presencia de la cordillera, en tanto territorio de marca y relato de proximidad con el terruño propio, opera también como un dispositivo de orientación geográfica, una frontera naturalizada devenida en paisaje de referencia obligada en todo tipo de comunicaciones visuales: ya sea en la portada de una guía turística donde el paisaje asoma como “una promesa”, en palabras de Magdalena Krebs(2), o en una postal idealizada de una realidad posible, como parte de una maquinaria eficiente destinadaa transmitir un mensaje imborrable: un mundo apolíneo, racional, un espacio infalible que enmarca los ojos del observador, en los términos propuestos por el geógrafo Andrés Núñez(2).

En buena medida, en este tipo de producciones propias de la cultura de masas, la cordillera se articula como una metáfora de la chilenidad bajo la fuerza de su inmovilidad. Está presente en el paisaje imaginado con una persistencia y ubicuidad casi majadera en un espacio común que denominamos Chile. De esta forma, estas imágenes del fondo cordillerano dan cuenta de una hibridación entre la representación de este espacio natural y lo propiamente nacional, mediante la instrumentalización de una secuencia iconográfica y una batería de imágenes que apuntan a la conformación de una suerte de identidad nacional a partir de ciertas nociones establecidas tales como la frontera, el aislamiento, el costumbrismo y la figuración del territorio. En otras palabras, como una especie de muro de contención de la chilenidad que apela a la noción de un país isla y que incluso puede explicar nuestra forma de ser en relación a esta frontera construida.

Pedro Álvarez Caselli. Diseñador, Magíster y Doctor en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente, académico de pre y posgrado, Coordinador del Área de Investigación de la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Consultor y editor. Autor, entre otros, de los libros Historia del Diseño Gráfico en Chile (2004); Chile Marca Registrada. Historia general de las marcas comerciales y el imaginario del consumo en Chile (2008); Mecánica Doméstica. Publicidad, modernización de la mujer y tecnologías para el hogar (2011); Luis Fernando Rojas, obra gráfica, 1875-1942 (2014), Historia del escudo oficial de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2013) y A Graphic History of Industrial Property in Chile (2015).


Notas:
(1) Ephemera: Material impreso o escrito que no está destinado a ser conservado y por tanto se le considera transitorio o incluso desechable. Ejemplo: tarjetas de felicitaciones, cartas, postales, tickets, zines, envoltorios de objetos de consumo.
(2) Invitados a instalación para WiP “Paisaje Cordillerano como Territorio de Marca” de Pedro Álvarez.

Leyenda Imágenes:
(1) Pintura Andina (1955) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes
(2) Fósforos Volcán (1930) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes
(3) Anís del Sur (1922) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes
(4) Doña Juanita (1975) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes
(5) En Viaje (1945) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes
(6) Miel de Palma Ocoa (c.1890) © Archivo Personal Pedro Álvarez C. para LOFscapes