Paisaje Productivo: de lo utilitario a lo simbólico

Carolina García S. para LOFscapes
11.07.2017

(1) Salinas de Barrancas durante la época de verano © Carolina García S. para LOFscapes.jpg

El paisaje surge de la interpretación que hace el ser humano sobre el territorio, pues es la mirada del hombre la que transforma en paisaje lo que en un principio era considerado territorio natural (1), y se entiende como el espacio disponible para ser manipulado y reconfigurado por el hombre. Esta interpretación se encuentra cargada de significados sociales, culturales, personales y grupales, las que influyen en cómo el ser humano ve y valora la naturaleza y luego actúa sobre ella. Existe una serie de territorios intervenidos y transformados con un fin utilitario, en la que las comunidades buscan hacerlos habitables y productivos para su subsistencia, otorgándoles significado.
 

Desde los inicios de la historia, la exploración del paisaje trajo consigo la acción de moverse y atravesar el espacio; acción que nace del impulso intrínseco del ser humano de trasladarse con el fin de conseguir alimento e información necesaria para su propia subsistencia. La ciudad nómada mostró una lectura del territorio que se produjo a partir de las relaciones que sus habitantes lograron establecer a lo largo del camino en un vacío inmenso, dejando en evidencia una distribución de trazos sin un orden aparente. La noción del recorrer entonces, constituyó la primera acción de transformación física del espacio al desplegar trazos en el territorio producto del ir y venir.

En la transición de la ciudad nómada a poblados sedentarios, se comprueba la aparición de ciertos elementos que dejan entrever la intención de construir un lugar al situar estos elementos en el territorio como una referencia en relación al entorno circundante. El paso desde un habitar errante en la exploración del territorio a uno de permanencia, determinó la construcción de distintas espacialidades que se manifestaron como gestos primitivos que marcaron la superficie, donde a su vez, existió una construcción simbólica de la presencia y permanencia del hombre en relación al territorio. Es en respuesta a este acto del desplazarse, que surgió el impulso de generar espacios como puntos de partida o de llegada donde sucedieron una serie de actividades ligadas al intercambio de mercancías y productos entre las comunidades.

Esta visión de paisaje, es decir, uno que es generado en un vasto territorio donde los desplazamientos que conectan lugares le otorgan significado, determina un mapa, el cual se constituye por una serie de recorridos que señalan puntos de referencia en una geografía que se deforma en función de los desplazamientos. La configuración de espacios de permanencia interconectados por segmentos de recorridos en el territorio, transforma al paisaje en una red articulada que conforma una unidad determinada, es decir, es esta noción de uso la que otorga una medida al territorio. El continuo andar y por ende resignificar y articular el mapa que define al paisaje, consolida un vínculo que integra la representación de un territorio en la memoria cultural, siendo la formalización de este resultado, un lenguaje de gestos de transformación del espacio propio de cada comunidad.

En la construcción de este devenir acotado y en el traspaso del nomadismo al sedentarismo, la actividad productiva agrícola, ganadera y de extracción de materia prima, es la construcción más evidente de un paisaje determinado por el despliegue de una serie de elementos que contienen valiosa información sobre procesos naturales y culturales. Cada transformación en el territorio son representaciones cargadas de sentido y expresan  cómo el hombre ha sido capaz de adaptar los recursos naturales para su uso y a su vez cómo éste se habitúa a las condiciones del ambiente circundante. De este modo, la singularidad de cada paisaje radica en que su imagen es producto de la interpretación que hace una comunidad del entorno que habita; interpretación que participa en la conformación de su identidad.

En el amplio espectro de paisajes en Chile, gracias a la riqueza y variedad de sus geografías, son muchos los territorios signados por el trabajo. En la zona central, específicamente en las costas de la sexta región, el paisaje estacionario de las Salineras de Cahuil ubicado en el río Nilahue, muestra una trama construida por parapetos de barro que comienza a aparecer en primavera y alcanzan su máximo esplendor en verano, tiempo en donde se presenta el menor nivel de agua del río. Esta trama se despliega como el soporte que el salinero modela para su recorrido y extracción y le permite trasladarse al interior del Humedal, formando a su vez posaderas donde se acumula el agua eninvierno, época donde se produce un incremento en el caudal del río.

La extensión longitudinal de esta trama -y por ende del recorrido- está determinada por la sucesión de etapas por las cuales el salinero debe filtrar el agua para conseguir la sal de costa. Así, se genera una red de recorridos articulados en donde se identifican ciertos lugares de estar -puntos de intersección- donde se posicionan precarios cobertizos construidos con una combinación de materiales en su mayoría obtenidos del mismo lugar, que permiten en tiempos de cosecha el descanso en sombra y la venta de sal, facilitando el intercambio entre la comunidad.

La transformación simbólica del territorio en el paisaje de la sal de Cahuil, surge entonces de la creación que hace el salinero con su trabajo. Lo construye con elementos fuertemente asociados al paisaje, trazándolo y midiéndolo con las fuerzas determinadas por la producción. En definitiva, al contemplar los parajes transformados por el trabajo, se observa una construcción que aúna cultura y territorio, conformando un paisaje particular e irrepetible.

Carolina García S. Arquitecto de la Universidad de Valparaíso, Chile. Ha participado en diversas iniciativas dirigidas al resguardo del paisaje de Chile. Actualmente ejerce como arquitecto en la Secretaría de Planificación en la Municipalidad de Los Vilos.


Notas:
(1) Maderuelo, Javier, Paisaje y Arte, 2007, Abada Editores, Madrid, 2008.

Leyenda Imágenes:
(1) Salinas de Barrancas durante la época de verano © Carolina García S. para LOFscapes. Se observa cuando el río alcanza su menor nivel de agua y posibilita la producción de sal de costa.
(2) Construcciones leves © Carolina García S. para LOFscapes. Espacio construido con los elementos necesarios que posibilitan el descanso del sol entre faenas de producción, en torno a lugar de acopio en ensacado de Sal. Se emplaza con una doble mirada al paisaje del humedal y al frente de la calle principal.
(3) Trazado del parapeto entre cuarteles © Carolina García S. para LOFscapes. Fotografía que muestra trazado de parapeto entre cuarteles de sal inundados por agua en época de invierno.
(4) Canales entre parapetos © Carolina García S. para LOFscapes. Canales entre los parapetos que el salinero construye para encausar el agua de un cuartel a otro.