El Paisaje Humano

Antonia Piñeiro L. para LOFscapes
04.07.2017


¿Cuál es el hábitat natural de los humanos? De acuerdo al Banco Mundial (1), hoy más de la mitad de la población humana habita en ciudades, cifra que supera ampliamente los tres mil millones de personas. Aun así, lo urbano difícilmente encuentra cabida en nuestra idea de lo que es el paisaje.

 

La Real Academia Española establece como primera definición para el concepto de paisaje “parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar” (2). Esta terminología no se refiere a la caracterización de lo observado: paisaje no es bosque, no es valle, no es cumbre ni desierto, así como no es calle, estadio, plaza o boulevard. En este sentido, el concepto de paisaje no tiene condición material más que la de un emplazamiento asociado a un suelo determinado. Es definido por el hecho mismo de la observación y no por las características del objeto; es una construcción subjetiva más allá de la materia.

La ciudad es un territorio cotidiano de observación para más de la mitad de la población mundial. Aun así, no es raro enfrentarse a la idea de que la urbanización es causa de la destrucción del paisaje. Esta sentencia no solamente desconsidera al paisaje urbano, sino que además lo contrapone al concepto mismo de paisaje, situándolo en una posición antagónica. Esta confrontación, supone un problema de percepción y perspectiva, cuyo origen posiblemente se encuentra en una idea de paisaje comúnmente asociada a la estética de “lo natural,” basada en la concepción decimonónica de lo bello y lo sublime. En otras palabras, es la añoranza de una “naturaleza perdida” la base de la presunción de que el paisaje se encuentra en un territorio alejado de la intervención humana. Esta discriminación va más allá de la percepción de los fenómenos físicos, constituyéndose como herencia de un imaginario cultural “desactualizado,” a lo que aquí denominaremos como “actitud.” La diferencia, según el geógrafo Yi-Fu Tuan (3), está en la valoración: la percepción es una respuesta sensorial a estímulos externos, mientras que la actitud es una postura con respecto al mundo percibido. En consecuencia, lo que entendemos por “natural” es una postura. Así como lo bello, se trata de un consenso colectivo basado en un sistema de creencias y valores compartidos; la naturaleza es una conjunción de imagen, símbolo y sentimiento sobre la cual proyectamos un sentido de valor. ¿Por qué la ciudad es menos naturaleza que el desierto? Porque el concreto, los automóviles y las vitrinas son construcciones humanas que no pertenecen al imaginario bucólico o al ideal romántico. Corresponden más bien al universo específico de nuestra cotidianeidad aunando menos ideales naturales que la virgen pampa.  Sin embargo, si se entiende que el paisaje es una construcción, ¿Por qué la ciudad no es también paisaje?

El sociólogo Zygmunt Bauman (4) se refiere al fenómeno actual de reivindicación del medioambiente como parte de una preocupación obsesiva por la polución y la purificación, motivada por la identificación de la seguridad con la pureza. Para Bauman, en la cultura contemporánea el peligro se encuentra en el extraño, agente perturbador de la estabilidad de lo que ya existe y está bajo nuestro control. La ciudad es el caos, lo híbrido y lo sucio, lejana a la pureza que emana del territorio virgen y que se encuentra enaltecida en la concepción popular de paisaje. Es así como, sin importar cuán intervenido esté el territorio, será paisaje mientras cargue consigo la impronta prístina de lo natural.

Desconocer la ciudad como paisaje es negar la propia naturaleza. El Hombre construye su entorno como una reinterpretación de lo que le es familiar, creando para sí mismo un universo mimético pero contenido. Niega también la artificialidad intrínseca a lo que comúnmente se llama natural: el parque, el curso del río, el mismo paisaje. Yi-Fu Tuan identifica como uno de los problemas del movimiento medio-ambiental ecologista la falta de estudio y consideración de las actitudes y valores que demuestran las personas al relacionarse con el entorno. Argumenta que la comprensión de estas relaciones es fundamental para la solución de los problemas medioambientales, que describe como esencialmente humanos. Identificar personalmente la ciudad con el concepto de paisaje significa un cambio en la valoración del entorno urbano. Actualmente, en un contexto de creciente urbanización donde la presión social por el cuidado del medio ambiente no deja de cobrar importancia, parece relevante reflexionar sobre la necesidad de integrar en nuestro concepto de naturaleza aquella que nos es propia. A fin de cuentas, no es la ciudad la que destruye el paisaje, sino el mismo observador.

Antonia Piñeiro Lazo. Estudiante del Magister en Proyecto Urbano de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 


Notas:

(1) Datos obtenidos de http://datos.bancomundial.org/indicador/SP.URB.TOTL.IN.ZS?end=2015&start=1960
(2) Definición obtenida de: http://dle.rae.es/?w=zona%20de%20paisaje%20protegido
(3) Tuan, Yi-Fu, 2007. Topofilia: Un Estudio de las Percepciones, Actitudes y Valores sobre el Entorno. Madrid: Editorial Melusina.Capítulo:1. Introducción (pp. 9-13)
(4) Bauman, Zygmunt, 2000. Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondos de Cultura Económica de Argentina. Capítulos: 3. Espacio/tiempo (pp. 99-138)

Leyenda Imágenes:
(1) San Alfonso del Mar: la piscina más grande del mundo. Recuperada el 4 de Diciembre de 2016, de https://www.saexpeditions.com/blog/san-alfonso-del-mar-the-worlds-largest-swimming-pool/
(2) Tour por Valparaíso © Oriev Alejandro en Flickr.
(3) Escampado. Río Mapocho. Santiago de Chile. © Oscar Menares Ossandón en Flickr.
(4) Autopista Nor-Oriente, Costanera Norte. Recuperada el 4 de Junio de 2017, de http://mapio.net/s/26651459/