Un Parque Aéreo Centenario

PAISAJES TEJIDOS
Tatiana Carbonell Guillon para LOFscapes
04.12.2018


El Cerro San Cristóbal se presenta como una pieza histórica, imaginada, planificada y en constante transformación ecológica. Es un suelo que como paisaje productivo se desviste y como parque público se prueba un traje que le asienta, pero no le pertenece. El 28 de septiembre del 2017, cumplió cien años desde que comenzó a ser más que Virgen o Cantera, pero a pesar de su valor urbano, hoy se ve sin ningún plan conmemorativo, exponiendo el desfase temporal del paisaje que no responde ni a los tiempos biológicos ni a los tiempos de la geología.


Cerro San Cristóbal is presented as a historical, imagined, planned and in constant ecological transformation piece. It is a soil that, as productive landscape, is undressed, and as a public park, tries on a suit that fits but does not belongs to it. In 2017 the iconic hill turned one hundred years since it began to be more than a Virgin or a Quarry, but despite its urban value, today is seen without any commemorative plan, exposing the time lag of the landscape that does not respond to human times nor to the times of geology.


“Los paisajes cambian, y evolucionan y ellos también son modelados por las fuerzas y resistencias operando en el tiempo. Pero la tasa de cambio en un paisaje o un sistema ecológico es mucho más lenta que la de un cuerpo individual. La arquitectura se sitúa entre lo biológico y lo geológico – más lento que el ser vivo, pero más rápido que la geología subyacente. La resistencia y el cambio están ambos operando en el paisaje: la dureza de la roca y la adaptabilidad fluida de los seres vivos” (1)

El paisaje parece estar situado en una temporalidad intersticial, que excede la historia individual y se ubica allí, entre un tiempo biológico y uno geológico. Esta afirmación, en la pregunta por su aplicación proyectual, nos hace cuestionarnos sobre cómo se mide el tiempo necesario para una transformación efectiva de un paisaje. Esta reflexión encuentra sentido en uno de los lugares más relevantes de la historia de la capital chilena, el cerro San Cristóbal, que asistió a la celebración de sus cien años como parque urbano público el 28 de septiembre del 2017. 

Centenario que comienza con un episodio puntual: se trata de la primera vez en que se pensó al cerro como un gran parque (2), entendido así como una formación montañosa de más de 700 ha. en resonancia con la plaza aérea del Santa Lucía, pieza clave que se comenzó a construir en 1872 cuando se materializaba el modelo de planificación urbana de Benjamín Vicuña Mackenna. Fue la visión de su sobrino, Alberto Mackenna Subercaseaux, quien siendo intendente de Santiago entre 1921 y 1927, promovió desde sus distintas funciones como actor público planes para la transformación del cerro.Y que encontraron un punto cúlmine en 1920 con la contratación de Carlos Thays, paisajista francés, en ese entones Director de Paseos de la ciudad de Buenos Aires, para diseñar un plan en la totalidad del San Cristóbal (3). El plano de Thays desapareció a poco tiempo de su entrega, estando cien años extraviado, por lo que su implementación no fue posible. Sin embargo, pese a su desaparición, fue capaz de modelar una escena simbólica, convirtiendo al cerro en un hito de la ciudad. En palabras de Mackenna: “una llave de oro contenedora de tesoros de salud para los habitantes de Santiago” (4).

Si se entiende al paisaje como una imagen configurada en la relación que el hombre establece con el medio observado, el cerro San Cristóbal se puede definir entonces como un contenedor de dichas representaciones, las cuales son tantas como los ojos que lo han capturado. Este cúmulo de imágenes, lejos de aportar a una definición única, elaboran una figuración lo suficientemente difusa como para permitir la transformación del cerro en el tiempo, pero con elementos lo suficientemente icónicos como para ser diferenciado de lo circundante. Es un sitio que en tanto forma dada y forma artificial construida, se establece como único e irreproducible.

Paralelamente, dicho promontorio se puede entender también como un sistema ecológico, es decir, como una red de fuerzas activas que se retroalimentan (5). Pues, como proyecto, ha significado un constante flujo de masiva cantidad de materia física. De este modo, parte del cerro se distribuye en edificios e incluso un río como elemento de construcción; está en ellos como material pétreo extraído. Y, por otro lado, a su vez recibe y reproduce en su superficie un manto vegetal ajeno y extranjero, traído desde lejanos viveros santiaguinos. De este modo se establece un sistema cerrado de intercambio con la ciudad. Según esta visión dual, pero siempre sostenida en un enorme acervo material, la estructura temporal del San Cristóbal se fija en lo que John D. Hunt definiría como “suelo histórico.” En su libro Historical Ground, Hunt define tres aspectos históricos que afectan al territorio: el geológico, definido como la narrativa profunda del desarrollo de la tierra; el topográfico, entendido como la postura de la tierra que da forma a la superficie y los materiales con los que vivimos; y el clima, como el tercer elemento capaz de registro histórico (6).

Así, esta geografía, que parece vestirse y desvestirse frente a una ciudad que lo observa y se configura en torno a sus faldas, ha tomado forma a lo largo de estos cien años. Proceso que se establece como un modo de resistencia frente a los tiempos operativos que lo rigen. En términos administrativos, ya que el parque pertenece al ministerio de vivienda y urbanismo, su dirección cambia al menos cada cuatro años de dirección. De esos años, si consideramos períodos de adaptación y de preparación antes próximas elecciones, el tiempo efectivo de trabajo e intervención se traduce en dos años. Ante esta realidad, la llave de los tesoros de la salud de los habitantes de Santiago pasa a ser parte de botín político a repartir permaneciendo indiferente a un plan centenario.

Tatiana Carbonell G. Arquitecta y Magister en Arquitectura del Paisaje UC.


Notas:
(1) Traducción de la autora. Cita Original “Landscapes change and evolve and they too, are shaped by force and resistance working over the time. But the rate of change in a landscape or an ecological system is far slower than that of an individual living body. Architecture is situated between the biological and the geological – slower than living being but faster than the underlying geology. Resistance and change are both at work in the landscape: the hardness of the rock and the fluid adaptability of living things.” En Stan ALLEN, Landform Building (Princeton: Lars Müller Publishers, 2001), p.20, 22.
(2) Anticipándose prácticamente en un siglo a la publicación Large Parks editado por Julia CZERNIAK y Georges HARGREAVES (New York: Princeton Architectural Press, 2007), que conceptualizan este término desde la teoría contemporánea de la arquitectura del paisaje.
(3) Ver Romy HECHT, “The imaginary of non-realized projects: Chile’s Cerro San Cristóbal as a Large Park, 1916—1927”, Studies in Historical Gardens and Designed Landscapes, artículo inédito, a publicarse durante el 2017.
(4) En “El simulacro de conquista del San Cristóbal. – La fiesta de los scouts. – En el Cerro San Cristóbal. – Entusiasmo de los excursionistas. – Numerosa concurrencia los acompaña”, El Mercurio (30 Julio 1916). 
(5) Haeckel, Ernst, Una asensión al pico de Tenerife, Santa Cruz de Teerife, Ediciones Ides, 2009 [1866]. vol 2 p. 287 
6) John Dixon HUNT, Historical Ground: The Role of History in Contemporary Landscape Architecture (Londres: Routledge, 2014).

Leyenda Imágenes:
(1, 2, 3, 4) Fotografías del Cerro San Cristóbal © Felipe Fontecilla para Tatiana Carbonell