LOFscapes 2018

PAISAJES TEJIDOS
Romy Hecht Marchant para LOFscapes
06.03.2018

Hoy comenzamos nuestro cuarto año como sitio comprometido y dedicado a la difusión de la arquitectura del paisaje en Chile y a la reflexión crítica acerca de la transformación del paisaje chileno. Ya sea desde el campo de las manifestaciones artísticas, del proyecto disciplinar específico (propuesto o construido) o de la teoría e historia del paisaje, como colectivo queremos seguir recogiendo, transmitiendo e interpretando los puntos de vista del habitante, del promenader, del observador a distancia, del diseñador, del crítico y del escéptico.

Today we began our fourth year as a collective committed first to promote landscape architecture in Chile and second, to engage the reader in a critical thinking about the transformation of the Chilean landscape. We want to keep identifying, describing and interpreting the approaches of the inhabitant, ‘promenader,’ outsider, designer, critic and the skeptical towards our man-made landscapes, whether they be built or not, whether they be produced and thought by landscape architects or not.

 

Nuestro recorrido a partir de marzo del 2015 ha sido uno de aciertos y desaciertos, donde no siempre hemos logrado involucrar al público general y con ello persuadir al lector sobre la importancia de entender al paisaje como una construcción humana capaz de influenciar y a la vez trabajar con procesos naturales, fenómenos sociales y principios estéticos. Este 2018 presenta nuevas oportunidades y desafíos, sobre todo si consideramos que en el último año nos hemos visto expuestos a un renovado ímpetu nacional en relación a la utilización de recursos naturales, a la conservación y estudio de paisajes patrimoniales y al eventual entendimiento del rol del paisaje como un espacio público que se diseña, no sólo con árboles.

Hace un par de semanas y desde California (el estado que formó Yosemite como primera reserva territorial del mundo en 1864), Tomás McKay y Ricardo Rodríguez remarcaban el liderazgo de Chile en materias de conservación, gracias a la alianza público-privada que ha permitido la creación de los parques Melimoyu y Pumalín y de casi dos millones de km2 de áreas marítimas protegidas (1). A mediados del 2017, probablemente todos los twitteros nacionales re-postearon la presentación en que el ex- vicepresidente estadounidense Al Gore nos reconocía como el país con mayor crecimiento mundial en la expansión del uso de energía solar, y a la espera de poder producir, a partir del año 2050, un 70% de ella a partir de fuentes renovables no convencionales (2). Otra señal de optimismo, esta vez a escala urbana, ha sido el anuncio del casi término del recorrido legislativo de la Ley Nº20.958 de aportes al espacio público, que aun cuando usa eufemismos para referirse a proyectos de paisaje (o “bienes públicos urbanos”), asume que son parte del desarrollo inmobiliario de ciudades en permanente proceso de expansión (3).

Éstas son solo algunas señales que nos muestran cómo, lentamente, podemos seguir el paso a una tendencia mundial que a partir de la década del 2000 posicionó al proyecto de paisaje como la estrategia más adecuada para producir parte de los complejos servicios que la naturaleza elabora naturalmente. Pero también nos alerta a evitar una trayectoria que, a ratos, ha dado más importancia a la reproducción mimética de la estructura dinámica de la naturaleza, con la esperanza que de dichas articulaciones puedan emerger formas o, lisa y llanamente, diseños. O, al decir de Anita Berrizbeitia, hoy “las preocupaciones formales han retrocedido, dando paso a procesos auto-generados y basados en la estética del tiempo, costos, cambio e inestabilidad” (4).

Este año esperamos entonces ampliar nuestro espectro de visiones en torno al paisaje nacional. Para ello contaremos con columnistas invitados, nacionales y extranjeros. Con ellos, y ustedes, queremos construir un diálogo pluralista acerca del paisaje como un proyecto oportuno, adecuado a las condiciones preexistentes de un sitio e intencionado, al materializar observaciones pertinentes en relación a dichos sitios, visibles en la configuración propuesta. Los invitamos entonces a pensar y ver al paisaje como una construcción, tanto intelectual como material, y cuya configuración se basa tanto en su realidad material, como en su idea anticipatoria.


Notas:
(1) McKay y Rodríguez, “Opinión: nuevos parques nacionales en Chile,” La Tercera (22 de febrero del 2018), p.6.
(2) Catalina Ruiz Parra, “No es suficiente cambiar los bombillos:’ Al Gore regresa a Miami para advertir sobre el cambio climático,” El Nuevo Herald (6 de agosto del 2017) <http://www.elnuevoherald.com/noticias/sur-de-la-florida/article165744777.html>
(3) “Ley de aportes al espacio público: urbanistas indican los aportes e impactos más relevantes de la normativa,” El Mercurio (30 de enero del 2018) <http://estudiosurbanos.uc.cl/comunicacion/noticias-y-actividades/3917-el-mercurio-docente-magdalena-vicuna-comenta-los-alcances-de-la-ley-de-aportes-al-espacio-publico>
(4) Berrizbeitia, “On the limits of process: the case for precision in landscape,” New Geographies (enero 2017), p. 111.

 Leyenda Imágenes:
(1) Chile, entre los Andes y el Pacífico (2003) © NASA
(2) Tarjeta de presentación de Humpry Repton, “Landscape Gardener. Hare Street near Ramford Street, Essex” (1778) © Repton, The Red Books for Brandsbury and Glemham Hall (Washington, DC: Dumbarton Oaks Research Library and Collection, 1994 [1789, 1791])

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