La Naturaleza de la Metrópolis

FUTURIZA: PANORAMA Y MATERIA
Pedro Correa F. para LOFscapes
07.08.2018

Historia, Naturaleza, Producción, Metrópolis, Campo. La columna de hoy discute estos conceptos desde Manfredo Tafuri. La historia no es natural, es un artificio humano, parece implícitamente intentar convenir el importante teórico de la arquitectura del siglo XX, con lo que en cambio consigue declarar, 'la naturaleza no tiene historia.' Ahora bien, cómo definimos naturaleza en un mundo transformado prácticamente por completo, ¿nos quedará otra alternativa que declarar que hasta el pensamiento humano es natural?

History, Nature, Production, Metropolis, Country. Today's column discusses these concepts from Manfredo Tafuri. History is not natural, it is a human artifice, it seems to try to convey the important theorist of twentieth century architecture, with what instead manages to declare, 'nature has no history.' Now, how do we define nature in a world that is practically entirely transformed, do we have alternative but to declare that even human thought is natural?

 

“The relation of the Jugendstill interior to its predecessors comes down to the fact that the bourgeois conceals his alibi in history with a still more remote alibi in natural history (specifically in the realm of plants).” (1)

“… el mito tiene a su cargo fundamentar, como naturaleza, lo que es intención histórica; como eternidad, lo que es contingencia. Este mecanismo es, justamente, la forma de acción específica de la ideología burguesa.” (2)

Tafuri, reproduciendo la distinción marxista entre naturaleza e historia, identifica en la ambición de la tradición Ilustrada de diseñar ciudades como el pintoresquismo diseñaba parques un intento por ‘naturalizar’ la recientemente adquirida condición productiva de la ciudad. Su nuevo designio como máquina productora de plus-valor (3). La palabra 'naturaleza' activa las alarmas del joven Tafuri y lo lleva a un tropiezo filosófico doble. Primero, la composición de la pintura del paisaje de Alexander Cozens tanto como el diseño del parque inglés, admiten de entrada su artificialidad—su reproducción de la naturaleza es admitida construcción, es decir, producción. Por otro lado, Tafuri edifica un muro entre naturaleza e historia que, con el propósito de higienizar lo segundo de cualquier atisbo de ideología, mistifica el primero como sinónimo de "eterno." La historia no es natural, es un artificio humano, parece implícitamente intentar convenir Tafuri, con lo que en cambio consigue declarar, 'la naturaleza no tiene historia'. Pero si un cuarto de los esfuerzos que dedicó Tafuri a la construcción de la historicidad (esto es, a la no naturalidad) de lo moderno hubiesen estado dedicados a producir la historicidad de la naturaleza, Tafuri se habría visto enfrentado a admitir que la ciudad, la clásica tanto como la tardo-capitalista, es parte de la historia de la naturaleza. 

Alarmas marxistas. Naturalizar, en código crítico, es sinónimo precisamente de remover la posibilidad de crítica. Al menos desde que Hegel opusiese ‘naturaleza’ a ‘idea’ en una antítesis solo posible de sintetizar en la trascendencia del ‘espíritu’ idealista, naturaleza ha sido sinónimo de ‘lo dado’, como la apariencia inmutable y frígida del constante movimiento del ‘Geist’.  Pero la historicidad de la naturaleza—la que (casi todos) reconocemos hoy con particular claridad en el cambio climático—es el principio que permite entender la historicidad del hombre; algo que Tafuri en su eruditamente desplegada bibliografía anti-humanista no tuvo nunca problemas para comprender. Alarmas darwinistas. La historicidad del hombre no se limita a la evolución 'natural' de la especie, pero sí a una historicidad de la naturaleza que la incluye. Nunca más claro que cuando Freud hablaba del humano como “dios prostético” o con Nietzsche, cuyo Zarathustra auguraba que el übermensch miraría al humano con la misma compasión con que éste miraba en el S. XIX al mono.

Una historia de la naturaleza en que especies completas se extinguen con el cambio de un grado en la temperatura del mar, producido por un giro insospechado de Marte o una tormenta solar, en que la migración de una familia de depredadores somete a pequeños herbívoros a mutar o morir, en que dos de cinco familias de gacelas aprendieron a saltar garantizando su supervivencia y sepultando la de sus parientes—es la misma historia en la que un filósofo de Könisberg declara a fines del siglo XVIII la autonomía del individuo. De un hombre cuya consciencia sería el punto de partida de un mundo que no existe cognoscitivamente para él salvo escindido por ‘la razón’, su facultad más elevada. Sin duda la historicidad de la naturaleza estuvo fuera de las condiciones de posibilidad de Kant. Pero no del joven Tafuri. Crítico acérrimo de las filosofías milenaristas que vieron en el surgimiento de la Großstadt un signo inequívoco de declive y advocaron un regreso a la ingenuidad pastoril de la comunidad orgánica, Tafuri insistió en la definición de Metrópolis que avanzó Georg Simmel en 1900: Metrópolis como un cambio en la estructura mental, en la Geistesleben, en que la intelectualización del mundo sería la reacción a la multiplicación de estímulos de la ciudad moderna—el momento en que la traducción del valor de cambio en valor de uso mediaría una transformación del aparato perceptual con un mundo ahora inteligible en su totalidad, en cantidades. Metrópolis no es un ente físico delimitado, mucho menos una escala urbana, es un estado de consciencia cuyo efecto globalizador no se ha detenido ni estabilizado desde el renacimiento. Esta definición borra el relato nostálgico de lo rural como antítesis de la ciudad, cuya oposición desbalanceada sería evidencia insoslayable del declive de la civilización. Tafuri demuestra que el campo, aún en su cercanía a la naturaleza, no está a salvo de lo urbano. Esto, debería además disolver la noción que ‘naturaleza’ y ‘ciudad’ se encuentran en una relación irresolublemente antitética y que la modernidad designa el campo de esta oposición. Un par de décadas habrían bastado para que en el derretimiento de los polos y en el adelgazamiento de la capa de ozono Tafuri hubiese visto, con sus propios ojos, que la naturaleza es ahora moderna.

“Nature is over” lee un artículo en Time Magazine de marzo de 2012. “Little is left untouched by humans” continúa (4). Pero entender que la naturaleza hoy no existe como tal, y que nada es ‘natural’, no es tanto una declaración sobre la omnipotencia del humano, como sinónimo de comprender que todo es naturaleza. Que en la historia larga de la naturaleza este cambio reciente no está cerca de ser ni el más radical, ni probablemente de ser el más definitivo. Esto no pretende acarrear un determinismo que libera el destino de la especie y del planeta a las ‘fuerzas de lo inevitable’, sino todo lo contrario, pretende iluminar la medida en que la naturaleza siempre fue nuestro producto, tanto como nosotros siempre fuimos producto de la naturaleza. No es solo una cuestión de cuánto de nuestra relación con el medio es una proyección de nuestra subjetividad, sino de la medida en que esa subjetividad está inevitablemente construida por la influencia del medio. ¿Qué es entonces la naturaleza? Disolver la división platónica entre consciencia y mundo quizás implique el vaciamiento definitivo del significante ‘naturaleza’ en la medida en que ahora, naturaleza es todo, incluida la consciencia. Lo que es sinónimo de reconocer, que no significa nada. O al menos que ya no designa el territorio mitológico de todo lo aún-no-invadido por el intelecto humano, cuyo pensamiento podemos reconocer ahora, sin alarmas, como ‘natural’.
 

Pedro Correa Fernández. Arquitecto Pontificia Universidad Católica de Chile, M.Sc Critical, Curatorial and Conceptual Practices en Columbia University. Actualmente es profesor asistente de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica donde enseña cursos de teoría, historia y crítica de la arquitectura.


Notas:
(1) Walter Benjamin, Walter Benjamin, “The interior, The Trace” in The Arcades Project (Cambridge, London: The Belknap Press of Harvard University Press 2008): 226
(2) Roland Barthes, “El mito hoy” en Mitologías (México D.F., Madrid: Siglo XXI Editores, 1999): 129
(3) Manfredo Tafuri, “Reason’s Adventures: Naturalism and the City of the Enlightenment” en Architecture and Utopia: Design and Capitalist Development (Cambridge, London: MIT Press, 1976), pp. 1-40
(4) Bryan Walsh, “Nature is Over” en Time Magazine (12 Marzo 2012)

Leyenda Imágenes:
(1) The Cloud, Alexander Cozens, c.1770
(2) Cabaña Primitiva, Grabado de Charles Eisen para Essai sur l'architecture (1753-1755) del Abate Marc Antoine Laugier.