Visibilizando el Paisaje Pehuenche

PAISAJES TEJIDOS
Amira Shalaby H. paraLOFscapes
18.06.2019

 


Históricamente, nuestros pueblos originarios han sido marginados y sometidos por la cultura occidental. Su paisaje ha sido constantemente fragmentado, debilitando la relación intrínseca entre el hombre y la naturaleza. Esto ha provocado que hayan olvidado, muchas veces, prácticas culturales ligadas al paisaje, provocando con ello que se pierda su patrimonio cultural. Esta columna aborda cómo la inundación del paisaje de las comunidades Pehuenches de Alto Bio Bio (VIII Región) para crear dos hidroeléctricas de represa — Pangue (1994) y Ralco (2004) — obligó a la relocalización de sus habitantes. Así, este grupo humano, que se caracteriza por ser trashumante, fue obligado a asumir prácticas sedentarias y a adoptar prácticas occidentales. Entonces: ¿dónde quedó la conservación del paisaje y patrimonio?

 

Historically, our aboriginal people have been marginalized and subjected to western culture. Their landscape has been constantly fragmented, weakening the intrinsic relationship between man and nature. Most of the times this has caused that cultural practices related to landscape had faded into oblivion, causing, as a result, the loss of their heritage. This column describes how the flooding of the landscape of the Pehuenches communities in Chile’s Alto Bio Bio — in order to build two hydroelectric dams, Pangue (1994) and Ralco (2004) — forced the relocation of its inhabitants. As a result, this transhumant group was forced to settle down and adopt western practices. Therefore, where is the conservation of landscape and heritage in this scenario?


Las dos grandes familias en que se divide el género humano viven dos espacialidades distintas: la de la caverna y el arado que cava su propio espacio en las vísceras de la tierra,  y la de la tienda colocada sobre una superficie terrestre sin dejar en ella huellas persistentes. Estas dos maneras de habitar la Tierra se corresponden con dos modos de concebir la propia arquitectura: una arquitectura entendida como construcción física del espacio, y de la forma, contra una arquitectura entendida como percepción o construcción simbólica del espacio.”– Francesco Careri (2002)

Según lo establecido por Careri en su ensayo Walkscapes: el Andar como Práctica Estética (1), los Pehuenches, habitantes originarios de Cordillera de los Andes de las regiones del Bio Bio y de la Araucanía, son parte de esta segunda familia: se entiende su cosmovisión, filosofía y forma de habitar el paisaje cuando se parte por la premisa de que su cultura no es occidental y que conciben, por tanto, su arquitectura de una manera distinta, no a través de la construcción, sino a través de la percepción del espacio recorrido. Es por esta razón que se ven afectados y se generan conflictos territoriales cuando un grupo dominante impone sobre ellos prácticas y un modo de habitar que no es parte de su cultura, como el concepto y la forma de la propiedad privada y la vida sedentaria. 

En su análisis de las formas más primitivas de habitar el territorio (específicamente, desde la era del Paleolítico), Careri explica que la acción de atravesar el espacio nace de la necesidad natural de moverse con el fin de encontrar alimentos e informaciones indispensables para la propia supervivencia. Sin embargo, una vez satisfechas las exigencias primarias, el hecho de andar se convirtió en una acción simbólica que permitió que el hombre habitara el mundo (2). 

Así se entiende que los pehuenches fueran desde tiempos ancestrales cazadores de ñandúes y recolectores de piñones que se desplazaban a lo largo de la Cordillera de los Andes. Pero, con el paso de los siglos, adoptaron la crianza de ganado como práctica, y su desplazamiento se redujo en función de éste (3). La necesidad básica de la alimentación ya estaba cubierta, por lo que el surgimiento de los espacios de la veranada e invernada y el uso cíclico y estacional de éstos surge gracias su propia concepción espacial previa y a la acción simbólica de moverse y caminar de a través del territorio como parte de su identidad cultural. 

La construcción simbólica de este espacio recorrido se entiende desde un paisaje principalmente natural o poco antropizado, en el cual sus elementos y fenómenos naturales son considerados sagrados por su cosmovisión, debido a que proveen los recursos necesarios para su subsistencia. La lluvia, ríos, bosques, sus frutos y la fertilidad de la tierra, en general, es lo que les permite vivir. La condición sagrada de los elementos ya mencionados hace que, en respeto hacia ellos, no se modifiquen a gran escala. Las únicas huellas que deja el pehuenche son donde posiciona su hogar de manera temporal (Ruka) y los caminos que marca al andar, los cuales también son efímeros. Cada primavera, cuando la nieve ya no está, las huellas se vuelven a trazar. 

La comunidad El Barco, al ser relocalizada debido a la creación de represas hidroeléctricas, sufrió desarraigo del paisaje que identificaban como propio. En el nuevo lugar, tuvieron que re-conocer y re-identificase. Se vieron obligados a re-configurar su territorio a través de la percepción, a re-crear el arraigo con la naturaleza y a re-cuperar el valor simbólico de su cultura. En ese esfuerzo abismal, el patrimonio cultural perdió bastante de su carácter y fuerza. El paisaje fue fragmentado y destruido y el pueblo, marginado. 

Sobre el problema de la comunidad pehuenche El Barco existe mucha información. Innumerables profesionales de distintas áreas disciplinares, como sociólogos, antropólogos, arqueólogos, historiadores y etnólogos, han investigado sobre su cultura y también sobre el efecto de la relocalización. Los proyectos que se realizan hoy a través de organismos gubernamentales como la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) e Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) están enfocados en mecanismos económicos para intentar sacarlos de la pobreza a través de iniciativas que potencian el rubro agropecuario y la elaboración de productos con denominación de origen, con el fin de que puedan lograr su auto-sustento. Todas, una vez más, soluciones propuestas desde una perspectiva occidental.

Desde ese enfoque, estudios y soluciones propuestas no han sido abordados desde el verdadero entendimiento de una cultura que forja las bases de su existencia en el paisaje que habitan y, por ende, que todo problema deriva de su fragmentación. Hasta el momento, no hay proyectos ni iniciativas abordadas desde el paisaje

Los únicos estudios que se acercan a la comprensión de la movilidad y el habitar pehuenche son de la geógrafa Viviana Huiliñir-Curío, que no es casual sea de origen pehuenche. Esto hace evidente que existe una barrera en la comprensión de un paisaje cuando aquellos que estudian y luego toman decisiones conciben el espacio de manera distinta, o simplemente son de otra cultura. Entonces, ¿cómo podemos traspasar esa barrera?. Si todo paisaje se entiende como una construcción, ¿cómo podemos intervenir donde la antropización es mínima y las huellas son efímeras? Al parecer, se trata de una barrera conceptual y es ésta noción la que debe forzar sus límites para dar cabida a los paisajes de grupos que practican la trashumancia.  

La “construcción” del paisaje de comunidades como El Barco efectivamente se basa en el mundo de las ideas y en el sistema de relaciones que tejen en el territorio percibido sin intervenirlo físicamente. Esa es la construcción simbólica del espacioa la que se refiere Carreri. No obstante, entender esto como arquitectura, nos hace pensar que podemos intervenir y operar en ella, pero al momento de insertar elementos físicos y/o tangibles (aquello propio de la arquitectura), esta “nube” de ideas y concepciones culturales se destruye. En ese sentido, ya no podemos hablar de arquitectura, sino solo de paisaje y de las operaciones asociadas a su construcción.

No hay una fórmula o respuesta concreta para la pregunta planteada. En principio, parecería lo más ético — en casos como éste — no intervenir. Pero si operar en un paisaje trashumante es inevitable, debieran prevalecer los siguientes conceptos:efímero, móvil, mutable, pues conceptos arquitectónicos como construcción permanenciason su antítesis y fragmentan aún más el paisaje Pehuenche. 

 Amira Shalaby Hernández es arquitecto y Magíster en Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


Notas:
(1) Francesco Careri, Walkscapes: el Andar como Práctica Estética (Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2002): 26.
(2) Careri: 15.
(3) José Bengoa, “La Sociedad Ganadera” en Historia del pueblo Mapuche: Siglos XIX y XX (Santiago: Lom Ediciones, 1985): 49.

Leyenda Imágenes:
(1) Eduard Pöppig, “Campamento Pehuenche hacia 1840” ©Memoria Chilena http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-77084.html
(2) “Hutes de Pehuenches, siglo XIX” © Memoria Chilena http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-70534.html
(3) Mapa de inundación de la comunidad Ralco Lepoy por la creación de la represa hidroeléctrica Ralco (2004). Se muestran en la imagen los sitios arqueológicos y cementerios ancestrales que quedaron bajo el agua; as familias que vivían ahí fueron relocalizadas y crearon la nueva comunidad El Barco © Amira Shalaby
(4) Mapa de relocalización desde el sector  de la represa hacia la creación de la nueva comunidad en la frontera con argentina © Amira Shalaby
(5) Bosque de Araucarias en la comunidad El Barco (Mayo 2018) © Amira Shalaby
(6 y 7) Sendero efímero que se traza cada verano por el tránsito del ganado y arrieros (Diciembre 2018) © Amira Shalaby

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