Balmaceda, Retrato de un Paisaje en Deterioro (1)

EL CAMPO EXPANDIDO
Camila Rodríguez Moraga para LOFscapes
01.10.2019


Balmaceda, es una ciudad que se ve interpelada por los grandes proyectos estatales, los cuales producen conflictos complejos que abordan no solo lo espacial sino también lo social.  Al no integrar a la comunidad en estos cambios, se ha forzado al desplazamiento de las nuevas generaciones. Hoy, Balmaceda se desvanece en la vejez y la precariedad. La falta de redes sociales, estructuras económicas y culturales amenazan con consolidar la pérdida de identidad, el desarraigo en los migrantes y el deterioro de la arquitectura y el paisaje local.

 

Balmaceda, Portrait of a Deteriorating Landscape

Balmaceda, is a city that is challenged by large state projects, which produce complex conflicts that address not only the spatial but also the social. By not integrating the community into these changes, the displacement of new generations has been forced. Today, Balmaceda fades into old age and precariousness. The lack of social networks, economic and cultural structures threaten to consolidate the loss of identity, the uprooting of migrants and the deterioration of local architecture and landscape.


En Balmaceda, pequeña localidad fronteriza de la región de Aysén, pareciera que el tiempo se detiene, y que el paisaje es un reducto estático. Allá, simplemente no se ve gente en la calle. La vida se resuelve en los espacios cerrados como los hogares, la escuela o el comedor de adultos mayores además de un par de iglesias evangélicas de funcionamiento esporádico, que ven atadas su utilidad a las visitas de un pastor. En este lugar aún existe la media jornada para casi todas las actividades del pueblo. El pan solo llega una vez al día, dependiendo del clima, aunque siempre puede encontrarse un pan elaborado con grasa de cordero que, por lo demás, es muy apetecido por los locales. En este lugar, donde la plaza se encuentra aparentemente sin función alguna, se puede observar una pequeña estatua de lata de un F16, donada por la Fuerza Área hace un par de años atrás, colmada de abolladuras causadas por el aburrimiento de los niños, que le lanzan piedras para matar las horas de la tarde. En ese lugar, solo queda un adolescente, cuyas esperanzas laborales apuntan a emigrar a Coyhaique o a alguna localidad más al sur para trabajar de nochero, cuidador de leña o de áridos; o quizá en una nueva etapa de la construcción de la carretera. Allá pareciera que lo único que no aguarda es el viento, que a ratos resulta agotador.

Pero Balmaceda, más allá de ser una localidad estática, resignada a ser arrojada a la periferia de los ‘grandes’ desarrollos regionales, se constituye en el centro de esta cuestión como una localidad de superposiciones. En ella se vive una naturaleza sin límites y a su vez, una urbanización que se evidencia en la pavimentación de algunas de sus calles o en la instalación y renovación de pequeñas oficinas públicas, como el registro civil o la biblioteca. Asimismo, experimenta la contradicción de hallarse entre la exclusión y la intensa conectividad, donde se desplaza forzosamente a la población que ahí vive para la construcción de caminos fronterizos y carreteras, mientras, el aeropuerto se posiciona como uno de los más importantes de la zona austral nacional. De esta forma, no son los habitantes —y con ello no me refiero a los latifundistas o administradores de las grandes tierras—partícipes del desarrollo, generando en los lugareños una sensación de ser ciudadanos de segunda clase, relegados a una posición de simplemente asumir las planificaciones urbanas de conectividad y transporte, no siendo ni siquiera consultados. A todo esto, se debe añadir a dicotomía que enfrenta la comunidad entre la profunda relación que tienen con su paisaje y la hostilidad de la intemperie. A su vez, la pampa no cuenta con una exuberante vegetación en altura, como el resto de la región, lo que posiblemente hace que este territorio sea poco valorado por la gran mayoría del turismo patagónico. Consecuentemente, para muchos forasteros su valor puede pasar desapercibido, viendo a Balmaceda como solo un caserío al costado del camino. Y las infraestructuras existentes no ayudan, ya que no han sido capaces de potenciar el lugar como punto de detención, generando repercusiones económicas. Así, este lugar se constituye solo como un lugar de paso hacia otros atractivos turísticos de la región, pasando a ser un poblado olvidado en medio de las grandes planificaciones de desarrollo de la región de Aysén a la espera de un nuevo destierro “a punta de patadas” cada vez que llama el progreso.

Este fenómeno ha estimulado la migración desde Balmaceda hacia las grandes urbes de la región como Coyhaique o Aysén, provocando un notable deterioro en lo rural visible en la precarización de la arquitectura existente. Los materiales de construcción ya no son el ladrillo, la madera, tejuela o el adobe como se acostumbraba antiguamente en el lugar, sino materiales ligeros como el cholguán, tabique, lata, pizarreño o internit —tal vez por la desesperanza frente a un eminente desplazamiento— que separan el exterior del interior. Cualquier material reciclado sirve para tapar del frío, la nieve, la lluvia y el constante viento.

Todo se recicla y todo servirá en un futuro para aislar la humedad, la acumulación de objetos en los patios con juguetes antiguos, latas y fierros; piezas de autos, productos o fibras naturales como retazos de cueros o lana; y cualquier otro objeto, están a la espera de tener una utilidad en el espacio doméstico. Alguna rueda u olla se transformará en macetero o un macetero será un bebedero para los animales de la casa. Una carrocería servirá para que las gallinas se refugien del frío, alguna lata servirá de tejado. Una plancha de cholguán, cartón o una bolsa plástica ocupará el espacio de un vidrio en alguna ventana y las rejas a veces serán de diferentes tipos y formas, de maderas o alambre, constituyendo a simple vista un orden caótico y confuso, pero funcional dentro de los hogares. De esta forma, se arriman los objetos rompiendo la vastedad de la pampa, haciéndole resistencia. Por ello, las imágenes aquí dispuestas evocan la idea de una arqueología del deterioro: precariedad, abandono y olvido en la pampa. El desuso y falta de vitalidad de los pequeños espacios públicos del perímetro de la localidad y de algunos hogares producto de los cambios espaciales, históricos y demográficos que se presentan allí, cambian la panorámica, porque con el paisaje, el visitante lejano se distrae y pareciera que la precariedad no importara. Se oculta en la distancia entre aeropuerto y vivienda, entre carretera y construcción.

Finalmente, no queda —al parecer— otra opción más que la migración de los habitantes. La instalación del único aeropuerto de la región sobre el original asentamiento del poblado y las infraestructuras que podrían transformar a Balmaceda en una puerta de acceso a la región, más bien la consolidan como un lugar desconectado. Una especie de vacío entre el avión y hotel u hogar. Las casi inexistentes fuentes productivas que se presentan allí gracias al centralismo provocan el destierro de los habitantes, ubicando a los residentes —en su mayoría de la tercera edad— en un nuevo margen, convirtiendo a Balmaceda en un paisaje periférico y en constante desvanecimiento. A pesar de todo esto, perdura la esperanza. Al igual que los coirones, habrá personas que resistan al clima y los destierros y habitarán estas tierras.

Camila Rodríguez Moraga. Socióloga de la Universidad Católica del Maule (2017). 


Notas
(1) Este ensayo fotográfico deriva de un estudio cualitativo aún en redacción. El análisis se basó en una revisión de material historiográfico como fotografías y antiguos planos de la ciudad resguardados en la biblioteca y museo local, como también a partir de notas de campo, observación etnográfica, fuentes orales como entrevistas como recurso flexible, hometour, recorridos y salidas a terreno con actores locales en actividades, por ejemplo, de recolección en la pampa.

Leyenda Imágenes:
(1-11) © Camila Rodríguez M. para LOFscapes.